VILA-REAL

El duro camino para ser juez: una joven de Vila-real aprueba las oposiciones a judicatura con 25 años

Laura García Colom, tras años de estudio y una rutina muy exigente, consigue superar uno de los procesos selectivos más duros del sistema judicial en su primer intento

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VILA-REAL. Aprobar la oposición a juez es un proceso largo que se suele extender durante años y que obliga a los que lo consiguen renunciar a muchas facetas de su rutina diaria. Con apenas 25 años y en su primer intento lo ha logrado Laura García Colom, natural de Vila-real, siendo uno los perfiles más jóvenes que han superado este año la prueba.

El momento en el que supo que lo había conseguido resultó, según explica, difícil de asimilar. "Fue muy emocionante", recuerda, reconociendo que la experiencia "no tuvo nada que ver con cómo lo había imaginado tantísimas veces". Admite que cuando la presidenta del Tribunal le preguntó sobre en cuánto tiempo lo había preparado, de donde era o si quería ser juez o fiscal, con los nervios y la emoción acumulada todavía no sabe cómo pudo responderle.

Una vocación que aparece en la adolescencia

La idea de convertirse en jueza no estuvo presente desde su infancia, sino que fue tomando forma durante la adolescencia: "No he sido de las personas que tienen su vocación clara desde pequeña". Laura sitúa el punto de inflexión sobre los 16 o 17 años, cuando empezó a plantearse la rama de bachillerato que quería estudiar. A partir de ahí, la opción fue ganando peso hasta convertirse en un objetivo claro.

De hecho, su camino previo no fue el más habitual. Paradójicamente cursó el bachillerato científico, pero una vez optó por estudiar Derecho, tuvo claro que quería opositar y durante la carrera se mentalizó de que para ello "tenía que pasar unos años trabajando mucho" ya que "era la única manera de sacarlo".

Años de estudio y descansos que “se reducen hasta desaparecer”

La villarrealense explica que el día a día durante la preparación "ha ido cambiando", adaptándose a las distintas fases del proceso. Al principio estudiaba de 8:00 a 14:00 y de 15:30 a 20:00h, dejando un pequeño espacio al acabar la jornada de estudio para hacer deporte, algo que considera "fundamental". Aun así, también contaba con tiempo de descanso, reservando un día a la semana que era “absolutamente sagrado".

A pesar de esto, la rutina se intensificó conforme se iba acercando el examen. En ese tramo final, reconoce que "las horas de estudio aumentan y los descansos se reducen hasta desaparecer", algo habitual entre quienes afrontan este tipo de pruebas y que exige una gran fortaleza mental.

Renuncias y momentos de duda

Opositar implica renunciar a distintos aspectos importantes de la vida cotidiana, especialmente en el plano personal. En su caso, lo que más ha echado de menos ha sido el tiempo con sus seres más queridos. "Se me hacía muy duro tener que limitar el tiempo con familia, amigos y pareja o estar todo el rato pendiente del reloj, porque sabes que no puedes alargar una cena si el día siguiente tienes que madrugar para estudiar", explica.

El cansancio y las dudas también han estado presentes. Laura reconoce que se trata de "una oposición muy larga" y que "mantener un ritmo alto de estudio es muy difícil". A ella le ayudó pensar que todo era temporal, que las malas rachas pasan y que si seguía trabajando "todo se iba a poner en orden de nuevo". También destaca la importancia de saber dosificar el esfuerzo: "Hay que darse un poco de margen para así evitar quemarse antes de tiempo".

Juventud y un consejo para futuros opositores

Pese a su edad, Laura no es la más joven de su promoción: "Para nada soy la más joven". De hecho, explica que aparte de haber varios compañeros "de su misma edad", también los hay más jóvenes. Aunque sí que reconoce que lograrlo con su edad "ha sido una sorpresa", la ya nombrada jueza cree que "cada uno lleva su proceso y requiere su tiempo".

A quienes tienen en mente afrontar el reto de opositar a judicatura, Laura les aconseja "que se informen mucho de donde se meten". La joven reitera que es una oposición dura y que hay que estar muy mentalizado para estudiarla —y más siendo tan jóven— porque "preparado nunca se está".

Con apenas 25 años, Laura García cierra una etapa marcada por la constancia y el esfuerzo, que le han llevado a lograr ese objetivo que tanto tiempo ha perseguido. Ejemplos como el suyo dejan claro que detrás de un aprobado hay mucho más que eso. Hay años de disciplina, renuncias y una decisión tomada con convicción.
 

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