En una semana celebraremos el Día Internacional de la Mujer: actos, manifestaciones, declaraciones institucionales… Todo esto está muy bien, pero ayuda poco si estas reivindicaciones se quedan en eso y en estos días. Siempre he pensado que la mejor manera de luchar por la igualdad real es demostrándolo en tu día a día.
Por eso, cuando en la Universidad Politécnica de València las mujeres éramos rara avis, me licencié en Ingeniería Industrial. Mientras la mayoría de mujeres de aquel momento optaba por carreras de letras, decidí estudiar lo que me motivaba. Me precedieron otras, el camino lo abrieron en 1972 las primeras mujeres en graduarse en la UPV. Después de ellas, hemos sido muchas las que estudiamos carreras que hasta ese momento eran exclusivamente de los hombres.
Esa decisión ha marcado mi vida laboral, que ha sido enriquecedora y satisfactoria. En esta nueva etapa como diputada provincial, estoy al frente de Carreteras. Soy la primera mujer que dirige esta área. No por ninguna cuota, sino por mi formación y profesión. Una experiencia, que me hace sentir cómoda porque puedo trabajar de tú a tú con los técnicos.
He ejercido mi profesión con pocos referentes femeninos. En este sentido, me alegra que cada vez haya más mujeres que estudian ingenierías, que ejercen la profesión por vocación y que empecemos a ser visibles en los puestos de responsabilidad. Hay que seguir avanzando, claro que sí. Una manera de hacerlo es con la visibilidad.
Así, en la Diputación de València, como ejemplo, se expuso del 11 al 19 de febrero una muestra de mujeres pioneras en la ciencia. A mí me fascina la figura de Marie Curie, una mujer que se esforzó desde bien joven por cumplir su sueño. Sabía que tenía aptitudes sobresalientes, pero tenía vetada la universidad de Varsovia por ser mujer. Así que trabajó como institutriz en su Polonia natal para que su hermana pudiera estudiar en París y así pudiera ayudarla a ella posteriormente. Fue un plan concebido, sacrificado y duradero, de dos años, que dio frutos. Tantos, que Curie fue una rompedora de techos de cristal, no, de hielo. Ganadora de dos premios Nobel y primera profesora mujer de la Sorbona, entre otros hitos. Todo eso llevando la casa y criando a sus hijas. Ahí es nada.