CON LAS GAFAS DE CERCA / OPINIÓN

De ofendiditos, reyes y espadas

14/08/2022 - 

MURCIA. No sé por qué tenemos que dedicar tanto tiempo (yo incluido) a discernir sobre las sentadas o levantadas de nuestro Rey Felipe VI en determinadas circunstancias. Ya tiene experiencia, asesores y medios (y un gobierno, nos guste o nos disguste) para determinar lo que debe hacer en según qué casos.

Sin embargo, hay otro asunto, mucho más trascendental para el futuro de nuestras instituciones, y en concreto la Jefatura del Estado. ¿Conseguirán los paparazzis fotografiar este verano a nuestra morena y delgada Reina en bikini? A mí me tienen en ascuas.

Crucial, sin duda, es para nosotros escribir un largo tratado sobre las consecuencias de apagar los escaparates y entrar en la aguerrida negociación de si los grados centígrados de los establecimientos deben ser 25 ó 27. Para avivar la polémica, me alineo con los que estiman 77 grados Fahrenheit como el punto más razonable.

Al mismo nivel de profundidad y complejidad, encuentro el debate sobre una hipotética llegada de Cristiano Ronaldo al Atlético de Madrid (parece que ya descartada), el culebrón de las palancas del Barça o dejar indiscutiblemente por sentado que Benzema es el mejor 9 del mundo.

¿Qué mejor forma de aprender Derecho que seguir on line el juicio íntegro entre Johnny Deep y Amber Heard? Si fuera profesor universitario en esta disciplina no tendría dudas, sustituiría los aburridos textos legales por la sucesión de jornadas de dicho juicio, con tertulia posterior, por supuesto.

Lejos de querer criticar la frivolidad, en realidad me gustaría ensalzarla.

No todo en esta vida es analizar los efectos de las pandemias, de las guerras, de los gobiernos, la inflación, la deuda pública, los impuestos… También es necesario tratar asuntos mucho más banales que nos permitan cierto bienestar y mejorar el sentido del humor.

Sin embargo, debemos tener cuidado a la hora de tomarnos demasiado en serio este tipo de noticias.

Se empieza por detectar que El Rey no se levanta al paso de una espada en una urna y se termina vociferando en contra del sanguinario Bolívar (¡como si en los últimos 200 años el resto de líderes hubieran sido monjas cistercienses!) y de los traidores latinoamericanos o en contra de los imperialistas y ultrajadores europeos.

Se empieza a criticar ciertas medidas de ahorro energético y se termina invocando a Soros, la encarnación de Satanás en la Tierra, y a movimientos oscuros para manejar los hilos de nuestra existencia, previo paso por todo tipo de tribunales.

Conforme van saliendo las acusaciones de Deep contra Heard o viceversa, se alzan clamorosas voces en contra del feroz patriarcado o del sibilino feminismo. Una saludable afición deportiva puede terminar en vandalismo y con tu integridad física en peligro.

Tenemos un problema de susceptibilidad que se ha desbordado y extendido. Y a su vez, curiosamente, hemos introducido, contemplándolo como cosa natural, la crispación en nuestros asuntos cotidianos.

Estamos ante un doble peligro:

Por un lado, la retroalimentación de bulos y falsedades con las muestras de ofensas. Forman una espiral imparable donde la prosodia es más importante que el contenido y la argumentación y donde el conflicto es más accesible que el diálogo.

Por otro lado, la sobrevaloración de la susceptibilidad sobre la libertad de expresión. La proclamación de juicios de valor no solo llena el espacio público de redes sociales donde meros aficionados participantes las expresamos (cosa que me parece estupendo), sino que interfiere en la intención e, incluso, la capacidad legislativa. Los gobiernos a cualquier nivel de descentralización se consideran coaccionados por los sesgos de estos ofendiditos y la tendencia natural es a limitar esa libertad de expresión y de actuación y no la de desmontar ofensas exageradas.

No considero fácil encontrar ese equilibrio entre el reproche a una intención lesiva y mancillosa y consentir una sobreactuación delirante. Pero creo más en la libertad de decir lo que pensamos que la represión para que nadie se sienta ofendido. Creo más en la deontología que en la rigurosidad normativa.

"La verdad os hará libres”. Esta contundente y admirada frase que proclamó Jesús, según el Evangelio de San Juan, era el mensaje del escudo del salesiano Colegio Mayor San Juan Bosco donde estuve 3 años. Siempre me ha marcado. La frase y el Colegio. Pero en la actualidad, no me queda más remedio que matizarlo, incluyendo éste: “la susceptibilidad nos esclaviza y los ofendiditos son un coñazo".

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Tenía que llegar y ha llegado, pero la puesta en escena es al menos confusa. El rey Juan Carlos se resiste a que le manden, pero no debe perder la perspectiva de que su hijo es el Jefe del Estado y bastante tiene con mantener la institución. Otros, en este caso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, colma de loas y parabienes a un dictador como el emir de Qatar, pero es que el gas, es el gas.

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