EL INVERSOR ESTÁ DESNUDO / OPINIÓN

¿Es que nadie quiere trabajar?

27/07/2022 - 

VALÈNCIA. El segundo semestre está generando una expectación como no recuerdo otra. Les aseguro que miles de millones de euros están en compás de espera, apostando por una recesión y por nuevas y mayores caídas en los mercados. Al mismo tiempo, los restaurantes están llenos. Pero antes de entrar en materia quería comentar algo. Espero no molestar a nadie, sólo pretendo humanizar los datos para comprender su impacto.

No sé si le pasa lo mismo, pero cada vez oigo más gente quejándose de lo difícil que es contratar a personas con ganas de prosperar en la vida. Igual eso es ir demasiado lejos: personas que tengan un mínimo sentido de la responsabilidad por el trabajo sería suficiente. La última persona que me lo dijo es una mujer de unos 55 años a la que admiro mucho, y que tiene una pequeña empresa de lavandería de la que soy cliente y amigo hace muchos años. No entiende nada: “prefieren cobrar ayudas y hacer cosas en negro”. Mil ejemplos más: personas que no devuelven la llamada después de decir que sí, otras que cambian de trabajo porque les pilla más cerca de la parada del metro, personas que un día simplemente… no aparecen en su puesto. Ella dice que no sabe dónde va a ir el país, si esa es la actitud. 

Pero ahora veamos un caso totalmente opuesto, el de un buen amigo que siempre tiene respuesta a estas quejas: las ayudas son necesarias, no desincentivan a trabajar y la solución para encontrar trabajadores es muy sencilla, basta con subir el salario. Si la empresa no es rentable como para pagar mejor, “debería pensar en cerrar”, cito. No es emprendedor. Tiene un salario fijo de la administración, y en su entorno un emprendedor está bien, pero un empresario de éxito es moralmente sospechoso. Y no digo que ninguno de los dos sea representativo de un grupo de personas, pero tampoco me los he inventado.

Entrando ahora en materia: ¿cómo estamos de verdad en España? Y, más importante aún: ¿en qué nos afecta la 'tenaza' que viene después del verano? Como todos vivimos en pequeñas burbujas, hablemos con datos en la mano.

Una instantánea del desempleo en España (INE):


El empleo y la actividad económica van de la mano, así que es cierto: hay escasez de trabajadores. Los mejores ya están trabajando, los menos buenos están disponibles. Y sí, también hay gente que prefiere no trabajar en ninguna circunstancia. Mucha, a tenor del alto desempleo que existía incluso en máximos de actividad (véase 2007).

No hay candidatos de calidad disponibles y esto explicaría en parte la sensación de que “nadie quiere trabajar” pero ¿es una cuestión de salario? ¿No paga más el empresario porque no quiere, o porque no puede? De nuevo, vamos a los datos.

Tres ideas:

  • ¿Cuánta gente hay en España? 47 millones.
  • ¿Cuántos trabajan en el sector privado? 16 millones.
  • Dicho de otra forma, de cada tres personas dos son receptores netos del tercero.

Para que esto suceda, alguien tiene que echarse a temblar cuando llega la hora de recaudar. Por muy fácil que sea criticar a las grandes empresas, conviene recordar que, de los casi tres millones de empresas en España sólo el 0,17% supera los 250 empleados. Este es un dato demoledor, que nos hace preguntarnos cuánto cuesta contratar en España (y qué recibe el empleado a cambio).

Veamos los números:

  • Coste total por trabajador: 32.906,63€ (INE, 2021)
  • Salario anual bruto: 24.248,78€ (INE, 2021)
  • El empleado recibe: 19.153€ (estimación en la Comunitat Valenciana).

Y ahora vamos a traducirlo en esfuerzo empresarial. Supongamos una pyme española que consigue margen de beneficio del 10% antes de impuestos, y que quiere contratar un nuevo empleado por 24.000€ brutos anuales. ¿Cuánto tiene que facturar de más esta pyme sólo para no perder dinero? La asombrosa cifra de 330.000€. Por eso, contratar en España es heroico y los salarios siguen anclados en 2008:

¿Por qué esto es importante? Porque el principal problema de España es la productividad, que surge del tamaño y de la ventaja competitiva:

Para terminar, ¿cómo nos afecta esto como inversores y ahorradores? De manera inmediata, la situación de bajo desempleo genera una presión inflacionista clara, una “segunda ola de inflación” que viene de los necesarios incrementos salariales para competir por los trabajadores.

Esta ola es desigual, tardía, dispersa, y presiona a la baja los márgenes empresariales. La subida de tipos, lenta y reticente, presionará aún más. Y el resultado será una reducción generalizada de beneficios y de poder adquisitivo, más importante que la recesión que se fragua.

La recesión es síntoma de una enfermedad más grave: la desunión de los países europeos, con un mando monetario único y 28 políticas distintas. Los fondos lo saben, al igual que saben que el equilibrio mundial de poder está cambiando. ¿Está lo peor por llegar a los mercados? La aritmética nos dice que sí.

Alejandro Martínez es socio director de inversiones y cofundador de EFE & ENE Multifamily Office

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