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el interior de las cosas / OPINIÓN

Esta primavera de abril

15/04/2019 - 

 Tomaron las calles, escuelas, hospitales. Ganaron el voto. Y la libertad en las fábricas y la universidad; y en el taller, y en el teatro. No se llamaban Clara, ni Dolores, ni Victoria, ni Federica, ni la Dinamitera. Sus nombres los borró la historia de los vencedores y el olvido. Rosas anónimas. Sí. Pero su alegría en aquella mañana de abril, como dice el poeta, trepó por los andamios de las flores. Llenaron de amor y de orgullo casas, camas y trincheras. Anónimas, sí, pero libres y victoriosas. Sufragistas, costureras, maestras, feministas, obreras. Tomaron hélices, libros, vendas y prendas. Si la belleza siempre subsiste en el recuerdo, palabras del poeta, que su recuerdo nos acompañe a la hora de defender la alegría en cada momento de la vida. Gracias por vuestro coraje, vuestra ternura, por vuestra dignidad, que es también la nuestra. Hoy, el modisto os recuerda con este pequeño homenaje. Un ramo de rosas para volver a encender esta primavera de abril que hicisteis vuestra.

Estas bellas palabras del periodista José Vicente Plaza abrieron, este domingo en València, la exposición Por los altos andamios de las flores. Moda y República del diseñador Francis Montesinos. Una explosión sensual y colorista que celebramos en el MuVim, y con la que reinauguramos esta primavera. A través de las flores de Montesinos, rojas, amarillas y violetas, compartimos la alegría de aquellas mujeres que lucharon codo a codo en aquellas primeras décadas del pasado siglo, cuando en este país el feminismo cobró fuerza y generó un movimiento imparable que, después, sería callado y perseguido en la dictadura franquista. Mujeres que Francis Montesinos ha homenajeado a través de fotografías de la época y a partir de los versos del poema Elegía de Miguel Hernández. Mujeres sonrientes, obreras, intelectuales. Aquellas mujeres que nos abrieron el cielo y la tierra. 

En aquella primavera brillante y vibrante de 1931, las mujeres empezaron a encender las luces de la historia.

Con la llegada de la II República, en aquella primavera brillante y vibrante de 1931, las mujeres empezaron a encender las luces de la historia y, entre otros avances, Clara Campoamor, defendió el derecho de voto femenino. Por primera vez se habló de igualdad en el Congreso. Por primera vez era reconocida la mujer, su derechos, oportunidades y libertades en una sociedad donde tan solo era un apéndice de los hombres. Fueron pocos años, pero los logros marcaron la vida de este país.

Este domingo pensé y añoré a Palmira Pla, maestra republicana, una de las primeras mujeres diputada por Castellón en el Congreso.  A diferencia de Gregorio, el maestro del relato de Manuel Rivas, La lengua de las mariposas, Palmira pudo escapar de la barbarie, pero no de la tristeza que marcó su mirada amable y digna. Entrevisté a Palmira Pla, en su casa de Benicàssim, cuando cumplió 90 años. El coraje y el compromiso social habitaban cada rincón de su cuerpo. La memoria recuperada. La verdadera revolución. Enseñar, creer y compartir. Vivió una infancia dura, marcada por la poliomielitis, estudió Magisterio y enseñaba a leer y escribir en las Casas del Pueblo. La juventud, con su primer trabajo, quedó truncada en 1936.. Tras el exilio en Venezuela y Francia, regresó a una España tenebrosa. Se incorporó en los años 60 como maestra de párvulos en la escuela de Valdealgorfa. Después, tuvieron que abandonar Teruel, la tierra de Palmira, por “orden gubernamental”. Vivieron en Montornés y siguieron sufriendo adversidades y represión. Su única arma fue la palabra y el trabajo.

Mujeres que escribieron el futuro de este país y todos los futuros, mujeres que merecen ser recordadas y reconocidas.

En los primeros años 70, Palmira Pla trabaja en Almassora y es perseguida, denunciada "por romper la armonía", por dedicar la hora del almuerzo a integrar en la enseñanza a niños marginados. "Uno de ellos robaba para pagar a párvulos y que jugaran con su hermano, su padre estaba preso y nadie los quería. Qué duro." En este tiempo la maestra republicana militaba en UGT y en el PSOE. Su vida se iba asentando en Benicàssim, en otra lucha. Fue concejala en la primera legislatura.

Nunca he olvidado a Palmira Pla ni sus palabras, que eran bellas, tajantes y humedecían su mirada. "Mis compañeras me dijeron que no se podía dar la máxima nota a la hija de una pastora, yo planteé que era injusto, porque la niña se lo merecía. Aquella ofensiva me la tragué. Pero yo no sabía que en el pueblo había un censor de la correspondencia, además, era el director y abría las cartas y supo que yo era socialista... Una noche, en la fonda escuché un grito: "Maestra Roja" y un golpe en mi coche. Fui a poner una denuncia a la Guardia Civil y a los 5 días llegó la orden de marchar a Castellón".

Palmira Pla vivió con una actividad desbordante hasta sus últimos días. Si algo sucedía, si alguien agredía la igualdad y los derechos sociales, ella reaccionaba, reivindicaba y escribía artículos en la prensa. Escribió Momentos de una vida, libro donde relataba "la memoria arrebatada". La lucha de aquellas mujeres y hombres, y de aquellas maestras que lucharon por enseñar, por crecer y defender la libertad. Palmira, nuestra maestra republicana, erguía su frágil cuerpo para remarcar que “ aquella sangre que se ha vertido no se ha perdido, está ahí en la tierra, en el fondo de cada persona que sufrió la dictadura, es como la savia de las plantas, dará sus frutos" . 

Un ramo de rosas para volver a encender esta primavera de abril que hicisteis vuestra y nuestra. Mujeres que escribieron el futuro de este país y todos los futuros, mujeres que merecen ser recordadas y reconocidas. Hay que defender su legado y más en tiempos donde se pretende cortar las alas de las mujeres. Por ellas, por nosotras. 

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