EL INVERSOR ESTÁ DESNUDO / OPINIÓN

La nueva Guerra Fría

26/10/2022 - 

VALÈNCIA. Los últimos dos meses están cayendo bombas que no salen en los titulares. Y no en Ucrania, sino en China, como parte de una guerra fría por el dominio mundial que cada vez se calienta más entre EE UU y el gigante asiático. Dos giros con poca vuelta atrás han ocurrido en menos de dos meses: por un lado, la celebración 20° Congreso Nacional del Partico Comunista de China y, por otro, la aniquilación del sector de semiconductores de alta tecnología chinos por parte del gobierno de Biden. Vamos por partes.

La sociedad china vive en el marco de un contrato social muy claro con su gobierno: se renuncia a las características de una sociedad democrática (tal y como nosotros la entendemos) a cambio de una mayor prosperidad. Si esa prosperidad termina, el gobierno se verá en problemas. En el Congreso se citó ese equilibrio entre control y prosperidad, y se dejó claro el compromiso en la lucha contra los monopolios, la corrupción, la competencia desleal, el proteccionismo local y los monopolios administrativos. Lo que llaman 'socialismo moderno' y 'sano desarrollo del capital', y lo que ha sacado a 300 millones de personas de la pobreza.

El presidente chino, Xi Jinping, no comentó sus puntos más débiles: no cedió en su política de covid cero, que ha destruido la demanda interna, no habló del 20% del paro juvenil, y tampoco dio claridad sobre la burbuja inmobiliaria y sus efectos en el sistema bancario. Lo que sí dejó claro es su voluntad de ayudar a otros países en desarrollo a acelerar su crecimiento, lo cual hay que traducir por reforzar sus alianzas internacionales, sus líneas de aprovisionamiento y su influencia geopolítica. Muy cerca de nosotros tenemos un ejemplo.

Cosco Shippings tiene el 51% de Noatum Ports, el principal operador portuario español, ahora rebautizada como Cosco Shippings Ports Spain o CSP Spain. Con ello controla la principal terminal de contenedores del Puerto de Valencia, líder del tráfico en España y top 5 de los enclaves europeos como puerta de entrada y salida del comercio global con Europa. No es el único donde tiene posición: de los 100 puertos más importantes del mundo, 57 tienen inversión china. Solo en Europa son 12 puertos en total (y recientemente añadirán Hamburgo):

China tiene ya la mayor flota naval del mundo, pero esta agresiva política exterior continuará. Esto obligará a Estados Unidos a tener un enfoque de confrontación cada vez mayor: separar su economía de la china, asegurar cadenas de suministro, generar nuevas alianzas. Por eso la respuesta americana ha sido tan contundente.


Estratégicamente, EE UU tiene meridianamente claro que ciencia y tecnología van a definir la geopolítica del siglo XXI. Claro que habrá avances en salud y medicina, en energía, en comunicaciones. Pero son las capacidades militares y de inteligencia lo que decidirán la partida. Por eso Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional, lanzaba un mensaje claro hace menos de un mes: "Hay que invertir en casa". La ventaja competitiva ha de trabajarse día a día por ser una cuestión doméstica y de seguridad nacional al mismo tiempo. Antes bastaba con estar un par de generaciones por delante, pero con los nuevos chips ya no es posible.

EE UU ha entendido que el control de las exportaciones de estos chips puede ser clave en un conflicto como el de Rusia, pero sobre todo quieren impedir que un país como China les robe la ventaja tecnológica para usarla en su contra. Su estrategia se centra en cuatro pilares:

  • Invertir en el ecosistema científico y tecnológico
  • Nutrir el talento STEM
  • Proteger las ventajas tecnológicas
  • Nutrir las alianzas internacionales.

Tecnología estratégica

En línea con esto (hechos, y no palabras) han aprobado la Chips and Science Act, que limita duramente la venta de tecnología estratégica a China. Esto no es ninguna broma: los trabajadores americanos se arriesgan a perder su nacionalidad si no dejan de trabajar en empresas chinas de semiconductores avanzados. Como ejemplo, el gigante chino YMTC (bien financiado con 30 mil millones del gobierno chino) ha tenido que despedir a sus trabajadores americanos de manera fulminante.

China es el mayor demandante de chips, con un 35% del consumo mundial, pero solo constituye el 8% de la oferta. Estados Unidos domina el mercado porque domina el diseño, y su capacidad de influencia depende de sus alianzas. En esta línea, y tras conversaciones que no han trascendido, la empresa holandesa ASML, líder mundial en máquinas para la fabricación de chips y monopolio en los sistemas de litografía EUV, impedirá a su personal americano servir a clientes chinos. ASML fabrica las mejores máquinas para producir chips (es un monopolio en algunas tecnologías).


Hay muchos otros ejemplos: En Taiwan, TSMC ya no vende sus chips avanzados al gigante chino Biren. Lam Research, Applied Materials, KLA, todos ellos han suspendido ventas y servicios a los fabricantes chinos. ¿Cómo responderá China? Es difícil de saber. La ley de control de exportaciones de China autoriza al gobierno chino a tomar contramedidas contra cualquier país o región que abuse de las medidas de control de exportaciones y represente una amenaza para la seguridad nacional y los intereses de China.

Esto podría resultar en una prohibición igual de estricta para la exportación de tierras raras, en lo que describieron como una táctica de 'no hay chips, no hay tierras raras'. Conviene recordar que las tierras raras son esenciales para la transformación tecnológica necesaria para la descarbonización y, en general, para la informática moderna.

Comercio global

"El F-35 de combate de quinta generación de EE UU utiliza 500 kilogramos de metales de tierras raras por avión … eso también debería detenerse", dijo Zhou Shijian, investigador principal del Centro de Relaciones entre Estados Unidos y China de la Universidad de Tsinghua, cuando Trump empezó a sancionar a Huawei. Años después, con Biden el golpe es mucho mayor.

Esto es una guerra fría en toda regla, un conflicto abierto por el futuro que no es un secreto para nadie y donde vamos a continuar avanzando hacia un mundo más cerrado y menos democrático. Lo primero comenzó en 2008, máximos de comercio global que nunca hemos vuelto a ver. Lo segundo será inevitable: lo llamaremos democracia porque votamos, pero organismos supranacionales tomarán cada vez más las decisiones clave.

Alejandro Martínez es socio director de inversiones y cofundador de EFE & ENE Multifamily Office

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