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Paco Cerdà y Rafa Lahuerta: arrasar en el mercado editorial sin WhatsApp ni Twitter

Dos de los autores valencianos más vendidos de los últimos años viven completamente apartados de los métodos de comunicación más abundantes. Así explican su cruzada natural contra el algoritmo

18/03/2023 - 

VALÈNCIA. Tienen estilos bien distintos. Las páginas de Lahuerta sudan, son voluptuosas y avanzan por oleadas; las de Cerdà parecer movimientos sobre un tablero, persiguiendo una proporción áurea. Les une el éxito de ventas -pero sobre todo la trascendencia- de algunas de sus obras. Como Noruega en el caso de Rafa Lahuerta, o El peón y su reciente 14 de abril en el caso de Paco Cerdà.

A los dos autores, de València y el Genovés, les une algo más: no tienen WhatAapp, no tienen Twitter, ni Instagram. En lugar de importarles, o menoscabar su ‘marca personal’ (!), sus posiciones parecen reafirmadas. Más allá de aquella escena en El joven papa, con Jude Law explicando qué une a su papado con Banksy, Salinger, Kubrick o Daft Punk, la posición de los dos autores tiene más que ver con una manera de estar ante sí mismos. Lo explican así, por separado. 

-¿No tener WhatsApp es una renuncia?

-Paco Cerdà: “Seguramente, en mi caso, es una inercia. Una predisposición. A la casa de mis padres nunca llegó el VHS. Hoy sigue sin internet. Yo nunca tuve Messenger: escribía a mis amigos de viaje de idiomas a York por carta postal (era el único, y todos me respondían). Fui el último de mis amigos en tener móvil. Nunca tuve Facebook ni Instagram. Twitter solo lo tuve unos meses hace muchos años, y no sé si publiqué 2 o 3 tuits. Whatsapp solo tengo en el móvil del trabajo desde hace unos años. En el teléfono personal nunca lo he tenido. Con el correo electrónico me suele bastar. Sencillamente, hay otras cosas que me interesan más que la tecnología. Sé que me pierdo ventajas, por supuesto. Pero también creo que me da más libertad. Y tiempo. Y, últimamente, singularidad. Con todo, no aleccionaría a nadie al respecto ni creo que mi actitud es superior en nada. Mi modelo me funciona a mí (o eso espero). Por lo demás, que el mundo siga girando”. 

-Rafa Lahuerta: “Hay una mezcla de todo. Para empezar me llevo mal con la tecnología. Me cuesta aprender y adaptarme a lo nuevo. Tardé mucho en tener móvil y cuando se convirtieron en lo que ahora son yo ya era un tipo amortizado. Por otra parte el whatsapp nunca lo he necesitado y ahora ya sé que será difícil que dé el paso. Sólo le veo inconvenientes. Tendrá su lado bueno, seguro que sí, pero tengo la suerte de no necesitarlo. Estoy en ese momento en que percibo las necesidades como dependencias. Cuantas menos necesidades, mejor.  Además, yo he sido de mecha corta casi toda mi vida, hubiera tenido enganchones todo el tiempo. Mejor así. Hay que prevenir las subidas de tensión.

Para mí es una cuestión de salud mental. Hay mucho ruido y cada vez valoro más la calma y la rutina amable. No quiero conocer gente nueva, ni opinarme encima todo el tiempo, ni que me den la brasa más de lo necesario. Me gusta mi vida como la tengo organizada desde hace años. Y para mis pajas mentales, cada vez menos, ya tengo la escritura. Tampoco hay que darle muchas más vueltas”.

Foto: MARGA FERRER

-¿Permite mayor concentración en la escritura? 

-Paco Cerdà: “Cuantos menos estímulos externos, más capacidad de concentración, eso es evidente. El efecto bola de nieve que ya supone el correo electrónico (“correos llaman a correos”, es una verdad indiscutible) debe de ser una broma comparado al de las redes. Solo de imaginarlo me apabulla. Ya es bastante intensa la promoción en los medios cuando tienes las fortuna de que tu trabajo suscite interés. A veces puedes tener la sensación de estar en una enorme feria llena de luces y ruidos donde lo menos importante es la esencia de tu trabajo”.

-Rafa Lahuerta: “Yo siempre escribo a ratos muertos. Me lo paso bien. Tengo la suerte de no ser profesional de esto. Soy como el viejo que hace maquetas en su casa y luego las baja al casal de la falla para que las vean los vecinos. Tampoco es necesario que bajen todos a verlas. Las redes ni me quitan ni me dan nada a nivel creativo porque yo soy del viejo mundo (libros y cine), aunque reconozco que estar en Twitter me ayudó a encontrar un final para Noruega. En cierto modo me vino muy bien. También creo que me fui en el momento exacto. Irse de los sitios en el momento exacto es una virtud poco valorada”. 

-¿Cómo afecta esa ausencia de ‘marca personal’ en redes a la promoción?

-Paco Cerdà: “La única marca personal relevante es la marca que dejamos, en los demás, con aquello que hacemos. El resto es publicidad. No tengo nada en contra de que un autor promocione sus trabajos en sus redes. Pero eso, a mí, no me va. Tampoco echo en falta esa relación permanente con el lector que generan las redes. Ni el lector necesita hablar con un autor ni al revés. En mi opinión, se ha mitificado demasiado esa relación. Mejor que se quede en el nexo compartido: el libro. Ese es el único me gusta que importa”.

-Rafa Lahuerta: “La promoción y estar bajo el foco me genera mucho pudor e incomodidad. Lo de Noruega ha sido una cosa rara. Nadie esperaba lo que ha pasado. Estoy agradecido, claro que sí, pero para mí ha supuesto un pequeño conflicto de intereses. Por responsabilidad y por no parecer un borde he hecho cosas que realmente hubiera preferido no hacer. Pero bueno, ahora empiezo a verlo con más lucidez y distancia. Digerir ese proceso me está ayudando a pensar mejor. Eso, y no tener expectativas. Las expectativas lo joden todo. Todo lo demás ya no me concierne. Me basta con saber que la editorial no ha perdido dinero conmigo”.

-¿Algún tipo de ‘mono’ o deseo de regresar a Twitter?

-Paco Cerdà: “¿Mono? No. Al estéreo sí que llegué hace un tiempo. Gran avance”. 

-Rafa Lahuerta: “Estuve un tiempo, casi 3 años, pero comprendí que por mi temperamento era mejor dejarlo. Si me tocan o percibo que me tocan los cojones con el Valencia CF salto con facilidad. Es mi talón de Aquiles. Es una cosa que he aprendido con los años: a temporizar conflictos y a minimizar malentendidos. No vale la pena encabronarse. La vida es muy corta. Y ahora ni se me ocurre volver. La verdad es que ahora sólo me apetece ser anónimo y pasar desapercibido. Ya lo dijo Ovidio: Bien vivió quien bien se escondió”.

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