FOTOPERIODISMO

De fotografía y memoria colectiva: manual para retratar el urbanismo salvaje en zonas turísticas

Ganador de la IV Beca Fragments, Markel Redondo busca explorar el territorio valenciano para descubrir los efectos del turismo de masas en el entorno natural y en quienes lo habitan.

22/06/2020 - 

VALÈNCIA. ¿Qué cicatrices ha ido dejando la urbanización masiva de las coordenadas turísticas valencianas en las últimas décadas? ¿Y en las trayectorias vitales de quienes habitan esos enclaves condenados a ejercer de eternos resorts estivales? ¿Qué promesas alternativas de futuro se pueden articular en un territorio saturado de edificios vacacionales, sombrillas y arroz con cosas? Estos interrogantes vertebran el proyecto con el que el fotógrafo Markel Redondo (Bilbao, 1978) ha ganado la IV Beca Fragments otorgada por la Unió de Periodistes Valencians.

A base de recopilar imágenes bañadas en salitre y cemento, Redondo aspira a dejar constancia de “cómo ha cambiado el paisaje mediterráneo en las últimas décadas, cómo ha evolucionado nuestra sociedad en relación con él y qué es lo que le pedimos, puesto que se trata del escenario en el que vivimos”. Un minuto y resultado de nosotros mismos que cristalizará en una exposición y un fotolibro.

Y es que, no podemos entender nuestro ahora sin explorar nuestro papel como destino de asueto. Como explica el fotoperiodista, el turismo ha sido “uno de los motores económicos del litoral español durante muchos años y ha impulsado la puesta en marcha de proyectos inmobiliarios basados en urbanizaciones con piscinas y campos de golf, a menudo dirigidos a visitantes extranjeros”. Este anhelo por conquistar al veraneante a base toallas en primera línea de playa ha llevado en ocasiones “a vender a toda costa el espacio natural, tanto el litoral como la montaña, incluso espacios protegidos en los que no había permisos para construir hoteles o complejos residenciales”.

Cuando el cemento languidece

Con un itinerario todavía en definición, Redondo sí tiene claras algunas de las paradas en su periplo documental. Por ejemplo, una visita obligada será La Caracola, único vestigio del Parque de la Relajación de Torrevieja ideado por arquitecto japonés Toyo Ito en 2000 y que ahora languidece desahuciado de la vida pública, sin un propósito en el horizonte. Este balneario promovido por el Ayuntamiento debía constar de tres edificios de los que finalmente solo se erigió uno. Situado junto a una zona protegida, el parque de las Lagunas de Torrevieja y la Mata, la ejecución de este balneario fue paralizada por la Dirección General de Costas al invadir el dominio público marítimo-terrestre. La construcción de forma helicoidal diseñada por Ito cayó en desgracia y se fue hundiendo en la amnesia institucional. “Todo el proyecto requirió ya de entrada una inversión enorme y se quedó a medio hacer, quiero saber cómo se encuentra ahora ese entorno”, destaca.

Más allá de estas sesiones ya decididas, el bilbaíno afronta la singladura “con la mente abierta. Estoy seguro de que va a haber muchos rincones que me sorprendan. Tengo todavía mucho que leer y debo documentarme más para poder realizar un trabajo completo”. No en vano, muchos de los reinos de cemento que espera apresar este creador llevan casi una década deshabitados “algunos se han visto conquistados por la naturaleza y no se sabe qué va a suceder con ellos”. En otoño realizará una primera incursión de un mes para trazar una cartografía visual del territorio valenciano cuyas coordenadas irá completando en otras prospecciones.

Para Markel Redondo, el fotoperiodismo sirve aquí como vehículo mediante el que “enseñar realidades que quizás no sean tan obvias y que merecen ser atendidas y observadas detenidamente”. Y es que, uno de los aspectos fundamentales en el trabajo de Redondo es el escudriñar en escenarios que quizás no se puedan percibir a primera vista: “a menudo fotografío lugares que están algo escondidos, que tienes que ir a buscarlos para poder verlos- explica-, así que es una forma de recordarlos de tomar conciencia de lo que hemos hecho con el paisaje y de plantearnos qué queremos hacer en el futuro”.

La fotografía se convierte así en un refugio gráfico para la memoria colectiva: “busco plasmar ese este proceso de cambio paisajístico al que hemos asistido y que no se olvide, que quede ahí como archivo visual, como recuerdo”. “Mi idea es que todo ese material sirva más adelante como recurso documental para museos, periodistas, investigadores…”, apunta el colaborador de medios como Time, New York Times, Le Monde, Stern o El País Semanal entre otros.

La maldición del ‘Levante feliz’

Desde hace décadas, la costa mediterránea sufre la maldición de haber sido disfrazada de ‘Levante feliz’, un territorio al servicio del ocio estival; una esquina del mapa en la que la arena, el sol y los chiringuitos imponen su ley. Esta ha sido y es la postal que ha trascendido más allá de nuestras fronteras, el retrato robot que hemos vendido de nosotros mismos: “En países extranjeros como Inglaterra se habla del turismo en España como un destino de playa, alcohol y precios baratos. Y creo que durante mucho tiempo aquí se ha trabajado con ese modelo en mente y se ha construido pensando en esos visitantes: jóvenes que buscan fiesta sin pagar demasiado y gente mayor que viene a pasar su jubilación en un chalet cerca del mar”, apunta el fotógrafo.

Tras años de filia ciega hacia la dupla ‘tumbonas y sangría’, cada vez son más las voces disidentes que cuestionan un modelo productivo basado en “conseguir atraer a cuantos más visitantes mejor”, señala el ganador de la Beca Fragments. Una dependencia económica que lleva puesta en tela de juicio desde hace tiempo y ahora bulle con más fuerza ahora debido a los estragos financieros derivados del coronavirus. “Creo que la sociedad española comienza a ser consciente de todo lo que se ha hecho mal y se está desarrollando una visión más crítica respecto a los perjuicios del turismo masificado”, apunta Redondo, quien ha participado en festivales como Photo España, Photon Festival, Getxophoto, DOCfield Barcelona, Angkor Photo festival, Singapore International Photo Festival o Guernsey Photo Festival. De esta manera, lejos de establecer una enmienda a la totalidad del ecosistema vacacional, el creador aboga por la consolidación de “propuestas distintas que permitan disfrutar del territorio de una forma menos abusiva y brutal; opciones sostenibles y respetuosas con el medioambiente”.

No es la primera ocasión en la que Redondo rastrea los efectos del urbanismo descontrolado en el trazado ibérico, ya lo hizo en su proyecto Sand Castles, en el que se lanzó a la caza y captura de esas ruinas contemporáneas arrojadas por la crisis financiera que explotó a finales de la pasada década. En aquella ocasión, su investigación se centró en aquellas infraestructuras (domicilios, campos de fútbol, carreteras, estaciones de tren…) que se habían puesto en pie en los albores del siglo XXI y habían quedado abandonadas o inacabadas al estallar la burbuja inmobiliaria. El resultado de ese trabajo fue un inventario de no-lugares suspendidos en el tiempo, “grandes edificaciones vacías o viviendas que nunca llegaron a ser habitadas, algo que me parece una pena”, explica el autor, interesado “desde siempre por el absurdo que supone la cantidad de dinero invertida en proyectos enormes que no han servido para nada”.

En este caso, la iniciativa respaldada por la Unió de Periodistes aspira a dar una imagen más esperanzada y posibilista. Los emplazamientos caídos en el olvido tendrán un placer preponderante, pero también esos otros enclaves “que siguen vivos y que se han transformando con el tiempo. A lo largo de este proyecto espero encontrarme ese lado más positivo y amable de la oferta turística que apuesta por otra vía que no sea enriquecerse rápidamente”, proyectos alternativos a la megalomanía de hormigón que están logrando consolidarse como opción de presente y de futuro.

Reinventar el fotoperiodismo para sobrevivir

No supone precisamente una trepidante última hora recordar la fragilidad que domina al sector de los medios de comunicación, un sector acostumbrado ya a arañar oxígeno en una crisis constante. Y si la prensa se encuentra en una situación económica de vulnerabilidad constante, el fenómeno no hace sino multiplicarse si nos centramos en el fotoperiodismo. Así lo explica Redondo: “Siempre ha habido mucha precariedad en este campo, pero ahora la situación está todavía peor, con tarifas y tiempos de trabajo inasumibles”.

 Frente a la premura y la incertidumbre que invade el trabajo diario, este creador asegura que la clave se encuentra en lograr “reinventar la profesión. Hay que buscar otras formas de trabajar que permitan dedicar más tiempo a cada proyecto y no depender de la inmediatez continua”.  Y es que, para el creador, talento hay a borbotones, el problema está en lograr que no acabe asfixiado por la imposibilidad pagar facturas y llenar la nevera: “A pesar de que las condiciones laborales, creo que nunca había habido un momento con tanta gente creativa sacando adelante tantas iniciativas interesantes”, resume.


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