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'cuando caiga la nieve'

Javier Vicedo: "Se puede hablar de la muerte desde la lucidez"

8/11/2018 - 

VALÈNCIA. Una urna funeraria en una calle de Madrid desata una fotografía en movimiento sobre la vida moderna. Es el planteamiento de Cuando caiga la nieve, una pieza escrita por Javier Vicedo y dirigida por Julio Provencio que se estrena en la sala Russafa de València durante este fin de semana. La catarsis de los personajes es la puerta por la que entran reflexiones sobre la soledad, la distancia, la ciudad, los sueños o el recuerdo. El autor de la obra (escrita dentro del Programa de Desarrollo de Dramaturgias Actuales del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música) Juan Vicedo habla con Cultur Plaza días antes del estreno.

- Es castellonense de nacimiento, aunque la obra se sitúa en Madrid, que es donde ha desarrollado parte de su carrera literaria, ¿tiene esa sensación, a veces común, de sentirse más provinciano en la capital?
-Sin duda, hay un gran choque en la diferencia de escala. Mucho más aún si eres de Castellón. Los primeros años de vida aquí siempre tenía los ojos abiertos como platos de asombro en asombro; o mejor dicho, de estupefacción en estupefacción. 

-¿Cuál es su imagen mental de Madrid?
- He estado una década viviendo allí y lo he disfrutado mucho. Ahora que me he acabo de mudar a Las Palmas de Gran Canaria sí siento que la ciudad se ha vuelto algo hostil con todo esto de la especulación inmobiliaria y la precarización. Pero en el aspecto cultural y en el humano es fascinante, muy abierta e interesante.

- ¿Y cuál es más amable, Madrid, Castellón o València?
- Encontrar la ciudad perfecta en la que estén equilibradas la calidad de vida y el ritmo cultural… Es algo que yo aún no he encontrado. No he vivido nunca en València, pero creo que sí puede tener esa armonía. Desde luego Castellón no, porque culturalmente es bastante inmóvil.

- Antes de ser dramaturgo, ha publicado tres poemarios, ¿por qué da el paso de la lírica a lo teatral?
- No fue algo premeditado. Hace cinco años, tras escribir el último poemario, sentí una especie de colapso, como si solo fuera capaz de hacer poemas que respondían a un molde muy concreto. Había adquirido un oficio y empezado a perder el instinto, que es lo más importante. Había -además- ciertos temas y registros que en la poesía no me atrevía a tocar porque mi obra era muy solemne y también quería reflejar distintas voces y ser más multiforme.

- Centrándonos en Cuando caiga la nieve, ¿cuánto de comedia y cuánto de drama hay en la obra?
- El origen es un drama porque los cuatro personajes están en una situación límite, pero a mí me gusta relativizar estas circunstancias sin llegar a caer en la comedia, mostrar lo absurdo que puede llegar a ser la vida. Eso va dejando patente la anti heroicidad de los cuatro y el espectador no sabe muy bien si reír o llorar, es una sensación muy concreta.

- En estos momentos puede parece que lo mejor para despertar una reflexión sea un gran artificio, pero tal vez no sea así y esta obra sirva de ejemplo de ello.
- La obra es un collage y toca varios temas; uno de ellos es el cáncer, y la gente en cuanto lo escucha se pone a temblar. Cuando yo he tenido experiencias con algún familiar o alguien cercano, he descubierto que también necesitas relativizar la situación, encauzar la presión y tener momentos de humor. Y si ocurre en la vida, ¿por qué no va a pasar en el teatro?

- Johnny Cash decía algo así como “no estoy obsesionado con la muerte, sino con la vida"
- Gran parte de los autores que me seducen, como Schopenhauer o Nietzsche, son los que yo llamo pesimistas lúcidos. La frase de Johnny Cash entraría en esa corriente. Es el planteamiento de que crear un discurso sobre la muerte no tiene por qué ser desde la oscuridad, sino todo lo contrario, se puede hacer desde la lucidez. A veces la gente más vitalista acaba siendo tan ingenua que no aprovecha tanto su propia vida. 

- La trama surge de una anécdota (el robo de una urna funeraria en una calle de la ciudad de Madrid) y eso desemboca en una auténtica catarsis para todos los personajes, ¿reprimimos a veces tanto nuestros sentimientos que necesitamos un empujón para que empiecen a pasar las cosas?
- La historia del ser humano se puede explicar a través de la necesidad continua de expresarse, desde las sociedades más arcaicas existe esa pulsión por querer contar historias (ahí están las fábulas o las pinturas rupestres), y eso significa que es inherente al ser humano. 

- ¿Hasta dónde llega tu mano en la obra que veremos en la sala Russafa? ¿Cuál ha sido su papel tras escribir la obra?
- Aplaudirles. (Risas) Julio Provencio leyó la obra en internet y contactó conmigo para mostrarme su interés por la historia, y yo he confiado mucho en su trabajo. La obra no es fácil de trasladar al escenario y el resultado ha sido realmente satisfactorio. Hay que ver qué miras tan cortas tiene uno cuando escribe, y cómo se da cuenta cuando trabajan su obra.

- ¿Un dramaturgo tiene que asumir que para sacar adelante un proyecto tiene que pasar por un programa público o ganar el premio de algún ayuntamiento o diputación?
- Vivir de la dramaturgia en España es casi imposible. Todos compaginamos nuestro oficio con otras tareas, como la docencia o la interpretación. Pero gane lo que gane escribiendo, yo tengo claro que es mi profesión, lo que quiero hacer y el resto de cosas giran entorno a ello, no al revés. Las compañías teatrales sirven precisamente para poder darle salida a los proyectos de manera privada, así que no es exclusivo del ámbito público, pero el contraste en las condiciones de trabajo es tal que todos acabamos pasando por ahí, y no es algo malo.

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