CASTELLÓ. Las consecuencias del conflicto bélico en Oriente Próximo generado tras el ataque de EEUU e Israel a Irán comienza a notarse ya en muchos sectores económicos. También el campo valenciano sufre el impacto de la inestabilidad geopolítica con una subida de precios en combustibles y otros insumos esenciales para los productores agrarios, tal y como han constatado las dos principales organizaciones agrarias valencianas, la Unió Llauradora i Ramadera y AVA-ASAJA.
Ambas entidades advierten de que el encarecimiento de costes se ha producido apenas unos días después del inicio de las hostilidades y alertan de que la situación podría agravarse si el conflicto se prolonga o afecta de manera directa a los flujos comerciales internacionales de materias primas energéticas y agrícolas.
La Unió Llauradora i Ramadera ha detectado incrementos del 5% en los precios de los fertilizantes y del 4% en el gasóleo agrícola desde el inicio del conflicto, una evolución que considera especialmente preocupante en plena campaña agraria, cuando aumentan las necesidades de riego y abonado.
A este encarecimiento se suma también el aumento del coste de la electricidad y del gas, en un contexto ya marcado por elevados costes de producción. Según la organización agraria, los fertilizantes —insumo básico para la productividad agrícola— ya venían registrando tensiones alcistas tras la aplicación del nuevo impuesto al carbono impulsado por la Comisión Europea, tendencia que ahora se intensifica.
En el caso del gasóleo agrícola, la subida se ha producido sin interrupciones en el suministro en España, lo que, según la organización, apunta más a movimientos especulativos que a problemas reales de abastecimiento. El sector denuncia además un patrón recurrente: los precios reaccionan rápidamente ante crisis internacionales, mientras que las bajadas posteriores suelen ser lentas y parciales.
Durante 2025, el precio del gasóleo agrícola osciló entre los 1,08 euros por litro a mediados de junio y los 1,18 euros a finales de febrero. Con un consumo anual estimado de 2.000 millones de litros, esa diferencia supone un sobrecoste potencial de hasta 200 millones de euros para agricultores y ganaderos. La organización recuerda además que tras el inicio de la guerra en Ucrania el combustible llegó a alcanzar los 1,7 euros por litro.
La Unió critica también la carga fiscal del carburante —aproximadamente un 25% del precio corresponde a impuestos— y reclama una reducción impositiva, la aceleración de la devolución del Impuesto Especial de Hidrocarburos y su sustitución por un sistema de descuento directo. Asimismo, solicita ayudas excepcionales si la escalada de costes continúa, similares a las aprobadas tras el impacto económico de la guerra en Ucrania.
El secretario general de la organización, Carles Peris, advierte de que “el sector no puede soportar una mayor carga económica en un escenario de alta volatilidad” y reclama medidas preventivas urgentes para evitar efectos en toda la cadena alimentaria.
Por su parte, la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) alerta de que el conflicto no solo amenaza con elevar los costes de producción, sino también con alterar los mercados internacionales y reducir exportaciones agroalimentarias.
La organización señala especialmente la situación en torno al Estrecho de Ormuz, un enclave estratégico para el transporte mundial de materias primas cuya inestabilidad podría bloquear flujos comerciales esenciales. A ello se suma la tensión diplomática y comercial entre Estados Unidos y España, que podría afectar a las ventas exteriores de productos valencianos con fuerte presencia en el mercado estadounidense, como vinos y aceites.
Según AVA-ASAJA, los agricultores ya están detectando una subida generalizada de combustibles y un incremento notable de los abonos, especialmente los nitrogenados. El conflicto impacta directamente en la producción y el comercio de amoníaco, urea, azufre y gas natural, elementos clave para la fabricación de fertilizantes.
Los abonos representan de media el 15% de los costes de producción agraria en la Comunitat Valenciana y ya se habían encarecido más de un 12% en el último año debido a los aranceles aplicados a fertilizantes procedentes de Rusia y Bielorrusia y a la entrada en vigor del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) de la Unión Europea.
Petición de medidas urgentes y rebaja de la tensión internacional
AVA-ASAJA se ha sumado a las reivindicaciones trasladadas por ASAJA Nacional ante la Comisión Europea para frenar la escalada de precios. Entre las medidas solicitadas figuran la eliminación durante al menos cinco años de los aranceles a fertilizantes, la retirada inmediata del CBAM y la aprobación de ayudas extraordinarias fuera del marco de la Política Agrícola Común, además de apoyos específicos por parte del Gobierno español.
El presidente de la organización, Cristóbal Aguado, subraya que el sector agrario puede convertirse en uno de los más perjudicados si la crisis se prolonga. “Las guerras nunca son buenas para el campo. Los gobernantes deben rebajar la tensión y actuar con moderación para acabar con este conflicto cuanto antes”, afirma.
Las organizaciones agrarias coinciden en que el campo vuelve a situarse entre los sectores más expuestos a las crisis internacionales debido a su elevada dependencia energética y de materias primas externas. El incremento simultáneo de combustibles, fertilizantes y energía amenaza con reducir la rentabilidad de las explotaciones en un momento ya marcado por márgenes ajustados.
El sector teme que, si no se adoptan medidas rápidas, el aumento de costes termine trasladándose a toda la cadena alimentaria, con consecuencias tanto para productores como para consumidores.
________
BOLETÍN PLAZA AGRO.
La actualidad del sector agroalimentario de Castellón, enviada directamente a tu correo para no depender de redes ni buscadores. Suscríbete gratis al boletín aquí.