CASTELLÓ. La entrada y expansión de nuevas plagas se ha convertido en una de las principales preocupaciones del sector citrícola, en un contexto marcado por la globalización del comercio y el cambio climático. No en vano, seis de las ocho plagas reguladas por la Comisión Europea como de mayor impacto económico, social y ambiental ya están presentes en territorio comunitario o en países ribereños del Mediterráneo, mientras que la séptima, la temida bacteria Huanglongbing (HLB), aún no ha sido detectada, aunque sus vectores circulan ya en España y Portugal, elevando de forma significativa el riesgo de introducción. En este escenario, comprender y aprovechar los mecanismos naturales de defensa del árbol emerge como una vía estratégica. La doctora Meritxell Pérez-Hedo, ingeniera agrónoma e investigadora del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP-CSIC), trabaja en el estudio de los compuestos volátiles que activan las defensas vegetales frente a plagas, enfermedades y estrés climático en cultivos mediterráneos, entre ellos los cítricos. Autora de más de 150 artículos científicos y vocal de la Sociedad Española de Entomología Aplicada, esta semana ha trasladado estos avances a su localidad natal, Burriana, con la conferencia El lenguaje invisible de las plantas: una vía sostenible de gestión de plagas y enfermedades.
- Cuando habla del “lenguaje invisible de las plantas”, ¿a qué se refiere exactamente y por qué debería interesar a un citricultor?
- Cuando hablo del “lenguaje invisible” me refiero a la capacidad que tienen las plantas para comunicarse entre ellas y con los insectos de su entorno mediante sustancias químicas, conocidas como compuestos volátiles, que liberan al aire. Las plantas emiten olores y señales que les permiten intercambiar información de forma continua.
¿Y por qué debería interesar a un citricultor? Porque si entendemos ese lenguaje y aprendemos a utilizarlo a nuestro favor, podemos ayudar al árbol a defenderse antes de que el daño sea importante, reforzar el control biológico —favoreciendo la acción de insectos beneficiosos— y reducir la dependencia de los insecticidas. En definitiva, avanzar hacia una citricultura más sostenible y eficiente.
- ¿Cómo se comunican las plantas cuando sufren el ataque de una plaga y qué información transmiten a su entorno?
- Cuando una planta es atacada por un insecto que se alimenta de ella, en cuestión de minutos empieza a liberar al aire una mezcla muy específica de compuestos volátiles de naturaleza química. Esta respuesta es rápida y forma parte de su sistema de defensa natural. Estas señales no se emiten al azar: la combinación y la cantidad de compuestos liberados dependen del tipo de daño que sufre la planta y, en muchos casos, del insecto concreto que la ataca, por ejemplo, si se trata de un insecto masticador o de uno que pica y succiona savia.
Estas señales pueden ser percibidas por distintos organismos del entorno. Por un lado, otras plantas cercanas captan el aviso y activan sus defensas antes de que la plaga llegue hasta ellas, preparándose para resistir mejor el ataque. Por otro, los enemigos naturales de la plaga, como depredadores y parasitoides, utilizan ese olor como una pista para localizar a sus presas, ya que la planta les está indicando dónde se encuentran. Y, en algunos casos, la propia plaga detecta que esa planta ya no es tan atractiva o nutritiva y puede evitarla, desplazándose hacia plantas menos defendidas.
En ese “mensaje químico” hay información sobre el tipo de daño que está sufriendo la planta y, en ocasiones, incluso sobre qué insecto concreto la está atacando. No se trata de un lenguaje perfecto ni exacto al cien por cien, pero sí lo suficientemente claro como para modificar el comportamiento de plantas, plagas y enemigos naturales, influyendo de forma directa en lo que ocurre en la parcela.
- Usted investiga la inducción de defensas en plantas. ¿En qué consiste esta estrategia y qué ventajas ofrece frente al uso tradicional de insecticidas?
- La inducción de defensas consiste en activar y reforzar las defensas naturales de la planta antes o justo en el momento en que aparece el problema. Para ello utilizamos señales que la planta reconoce como un aviso de peligro: volátiles emitidos por otras plantas, compuestos presentes en aceites esenciales, ataques controlados que estimulan la respuesta defensiva, hongos beneficiosos, entre otros.
En lugar de matar directamente a la plaga con un insecticida, ayudamos a la planta a producir más compuestos defensivos —sustancias que la hacen menos atractiva o más tóxica para el insecto—, a mejorar sus sistemas antioxidantes y de respuesta al estrés, y a emitir señales más eficaces para atraer a los enemigos naturales.
Frente al uso tradicional de insecticidas, las ventajas son claras: actuamos de forma preventiva, antes de que el daño sea importante; se reducen los residuos y se mejora la compatibilidad con los programas de control biológico; disminuye el riesgo de aparición de resistencias en las plagas, ya que no se basa en un único producto letal, sino en reforzar la respuesta del cultivo; y se adapta mejor al futuro normativo, en el que cada vez se permite el uso de menos materias activas químicas.
- ¿Puede esta línea de investigación ayudar a reducir tratamientos y costes en la citricultura valenciana sin perder eficacia frente a las plagas? ¿Hay ensayos que indiquen que estas estrategias funcionan en cítricos?
- Sí, ese es precisamente uno de los objetivos: reducir tratamientos sin perder eficacia. En diferentes cultivos hemos observado reducciones del impacto de plagas de hasta un 60 % cuando la planta ha sido correctamente “preparada” mediante estas señales. En cítricos, hemos demostrado que la exposición a determinados volátiles, como el (Z)-3-hexenil propanoato, activa el sistema defensivo del árbol, mejora su capacidad antioxidante y le ayuda a tolerar mejor tanto los estreses bióticos —plagas y patógenos— como los estreses oxidativos. Esto es especialmente relevante en el contexto del HLB, la amenaza más devastadora para la citricultura mundial, donde el árbol sufre un estrés crónico muy intenso.
Estas estrategias ya se han probado tanto en invernadero como en campo, en España y en otros países, utilizando difusores que liberan los volátiles de forma controlada. Existe una patente en explotación y ensayos en marcha con empresas y universidades internacionales. Todo apunta a que, bien integradas con el control biológico y con un buen asesoramiento técnico, permitirán reducir el número de tratamientos, ahorrar costes y ganar estabilidad en la producción.

- En un contexto de cambio climático y aparición de nuevas plagas, ¿qué papel pueden jugar estas estrategias basadas en “escuchar” a la planta?
- El cambio climático implica veranos más largos y calurosos, episodios de estrés hídrico y la llegada o expansión de nuevas plagas y enfermedades. En ese escenario, limitarse a reaccionar “apagando fuegos” con insecticidas será cada vez menos eficaz. Las estrategias basadas en activar el sistema inmune y el metabolismo defensivo de la planta permiten que el árbol esté en un estado de preparación, lo que llamamos priming: responde más rápido y mejor cuando llega el estrés, ya sea una plaga o la falta de agua. Hemos comprobado que, al inducir defensas en cítricos y otros cultivos, la planta tolera mejor la combinación de plaga y estrés hídrico, mantiene la fotosíntesis y regula mejor el cierre de los estomas, sufriendo menos daño sin perder rendimiento. No hablamos solo de controlar plagas, sino de hacer el cultivo más resiliente frente a un clima cada vez más extremo.
- Muchas investigaciones prometedoras tardan en llegar al campo. ¿Qué hace falta para que estas soluciones sean una realidad en las explotaciones?
- Hace falta encajar varias piezas. En primer lugar, más ensayos de campo a escala real, en fincas comerciales, donde se pueda evaluar claramente el impacto sobre la producción, la calidad y la rentabilidad de la explotación. En segundo lugar, una colaboración estrecha entre centros de investigación, productores, cooperativas, asociaciones agrarias y empresas de insumos; sin esa cadena, el producto no llega al agricultor.
También es clave el desarrollo industrial: formular correctamente estos elicitores —por ejemplo, en forma de difusores o nanoemulsiones— para que sean fáciles de usar, estables y económicamente viables. Y, por último, formación y acompañamiento técnico, porque se trata de herramientas nuevas y es fundamental saber cuándo y cómo aplicarlas para aprovechar todo su potencial. Gran parte de nuestra investigación ya se está realizando con esa idea de transferencia, pero es esencial que el sector se implique desde el principio, participando en parcelas piloto y evaluando resultados.
- ¿Está el sector preparado para incorporar este tipo de innovaciones basadas en biotecnología y conocimiento científico?
- El sector citrícola valenciano lleva años adaptándose. Ha incorporado el control biológico, el trampeo masivo, las cubiertas vegetales y nuevas herramientas digitales. Eso demuestra que, cuando una innovación aporta un valor real y se explica bien, el sector responde. Es cierto que estas nuevas estrategias son más intangibles que un insecticida: hablamos de señales químicas, metabolismo, microbioma… y eso exige un mayor grado de confianza en la ciencia y en los técnicos. Aun así, veo cada vez más agricultores y técnicos muy formados, abiertos a la biotecnología sostenible y al uso del conocimiento científico en el manejo diario de las explotaciones.
- ¿Qué mensaje trasladaría al sector citrícola valenciano sobre el futuro de la protección de los cultivos?
- Mi mensaje es realista, pero también muy optimista. El futuro de la protección de cultivos no pasa por volver al pasado ni por depender únicamente de más tratamientos, sino por combinar herramientas: control biológico, manejo del suelo, variedades y patrones más resistentes y, ahora, también estrategias que activan las defensas del propio árbol.
Los cítricos tienen un sistema inmune sofisticado y son capaces de anticiparse al peligro. Si aprendemos a “escucharlos” y a trabajar con ellos, tendremos plantaciones más sanas, más estables y con menor dependencia de insecticidas, algo clave para competir en los mercados y cumplir con las nuevas exigencias regulatorias y ambientales.
Al sector le diría: no tengáis miedo a estas innovaciones, hacedlas vuestras. Participad en proyectos, probad en alguna parcela, exigid datos y acompañamiento técnico. El conocimiento y la biotecnología, bien utilizados, son aliados para defender la citricultura valenciana, no una amenaza.
________
BOLETÍN PLAZA AGRO.
La actualidad del sector agroalimentario de Castellón, enviada directamente a tu correo para no depender de redes ni buscadores. Suscríbete gratis al boletín aquí.