CASTELLÓ. La cerámica forma una pieza indivisible en la espiral del ADN económico de la provincia de Castellón. No obstante, entre las grandes fábricas azulejeras y los hornos industriales, existe asimismo una manera de trabajar más pequeña, pausada y vinculada al oficio artesanal que se abre camino en el mismo territorio. De esta manera, en una región acostumbrada a medir la cerámica en metros cuadrados, exportaciones y capacidad productiva, nuevos proyectos exploran su valor desde otra perspectiva: la de una pieza única, la experimentación y el conocimiento compartido. En ese espacio, a medio camino entre la artesanía y la industria, se sitúa Matèria Col·lectiva, un taller que nació desde la relación para dar continuidad a un grupo de jóvenes formados en Castelló y que, siete años después, en el número 21 de la avenida Hermanos Bou, ha dado el salto de asociación a cooperativa para convertir el aprendizaje colectivo en una actividad profesional vinculada también al sector cerámico.
En concreto, la historia comienza en 2019, cuando varios estudiantes y exalumnos de la Escola d'Art i Superior de Disseny de Castelló (EASD) se encuentran ante una situación sencilla, aunque difícil de resolver, al terminar sus cursos y no disponer de un lugar donde continuar su trabajo. "El proyecto nació por la necesidad de disponer de un espacio donde seguir la labor que se aprendía en la escuela", explica Aaref Albasha, uno de los directores del taller y artista cerámico reconocido por sus obras. La maquinaria, los hornos, los materiales y el alquiler de un local suponían una inversión elevada para asumirla individualmente, de modo que optaron por compartir gastos, herramientas y conocimientos. Así, Matèria Col·lectiva surgió como una asociación, instalada en un antiguo taller mecánico de automóviles que se transformó en un particular espacio de creación cerámica. La solución práctica para un grupo de estudiantes adquirió con los años una dimensión propia: un lugar donde aprender, experimentar y mantenerse vinculados al oficio.
De la asociación a la cooperativa: un trabajo en equipo
Sin embargo, el tiempo ha modificado aquella fotografía inicial. En este sentido, algunos de los integrantes han emprendido sus propios caminos y han abierto otros talleres, mientras que el grupo original se ha reducido. "Ha sido una evolución natural, no ha sido algo decidido, aunque sí había una intención de profesionalizarlo desde un principio", señala Albasha. Este año 2026, la asociación se ha transformado en cooperativa, una fórmula que permite afrontar las limitaciones fiscales que tenía la estructura anterior y adaptar el proyecto a una realidad distinta. Asimismo, la nueva etapa ha repartido responsabilidades: el codirector, Sergio Martínez, se encarga principalmente de las clases y de la presencia diaria en el taller, mientras Albasha asume buena parte de la gestión administrativa. Además, cada uno aporta especialidades diferentes: los esmaltes, la química y los procesos en el caso de Albasha; el modelado, el torno y la vertiente artística en el de Martínez. La vinculación de la artista Silvia De Loño desde sus inicios cierra el trío de principales integrantes de la cooperativa.

- Las clases se han convertido en una de las principales vías de entrada al taller. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
Con ello, la transformación no solamente se aprecia en la estructura interna, sino también en la relación con quienes se acercan al espacio. A tal efecto, las clases se han convertido en una de las principales vías de entrada a Matèria Col·lectiva, con un público que abarca desde niños hasta personas mayores. "Cada vez tenemos más gente joven apuntada a los talleres. Poco a poco está más visualizada la cerámica", apunta Martínez. Entre las propuestas destaca el trabajo con torno, una disciplina que practican pocos talleres en la ciudad y que, más allá del resultado final, funciona como una experiencia sensorial. "Buscamos una conexión. Trabajas con algo en movimiento y es difícil, requiere mucha técnica", explica Albasha. El taller también incorpora un espacio expositivo, ha participado en la Nit de l'Art de Castelló y mantiene una vocación que transcurre más allá de la producción para conseguir que las piezas salgan del almacén y entren en contacto con la ciudad.
Las dos vertientes de futuro: de las clases a la producción para la industria
No obstante, el cambio de etapa profundo se encuentra ahora en el intento de conectar la experiencia artesanal con la industria cerámica castellonense. Matèria Col·lectiva ha adquirido una nueva nave en Castelló que separará la zona destinada a las clases de un espacio dedicado a la producción, con la mirada puesta tanto en el azulejo elaborado manualmente como en productos específicos para empresas. "Estamos ligados a la fabricación y, por la cercanía y por el territorio, estamos vinculados a la industria azulejera", explica Albasha. El objetivo estriba en situarse en un terreno intermedio entre dos mundos que tradicionalmente han funcionado por separado. "Es un paso intermedio entre la artesanía y la industria", resume. De este modo, en un mercado condicionado por la competencia internacional y por el precio de países como China o India, consideran que la diferenciación y el valor añadido representan una oportunidad para las empresas locales, mediante productos difíciles de reproducir industrialmente y capaces de incorporar técnicas manuales y conocimiento artesanal.

- La diferenciación representa una oportunidad para las firmas cerámicas locales. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
Así, en ese punto se encuentra el siguiente capítulo de una historia que comenzó con la compartición de un horno entre jóvenes estudiantes y que ahora busca encontrar su lugar en el mercado. Precisamente, para hacerlo, sus integrantes reivindican aquello que ha permitido sobrevivir al proyecto desde 2019: la cooperación como una forma de trabajar y no solamente como estructura jurídica. "Para funcionar en una cooperativa, tienes que tener alma cooperativista. Estar presente en todo, cooperar como dice su nombre", resume Martínez. Las decisiones se toman en común, se debate entre quienes forman parte del proyecto y se mantiene incluso el consejo de quienes participaron en sus primeros años. "Las decisiones no las tomas tú solo", añade Albasha. A partir de esta filosofía, Matèria Col·lectiva se plantea un horizonte de pocos años para afianzarse en el mercado y demostrar que, en la tierra de la industria azulejera, la cerámica también puede generar valor desde una escala pequeña, colectiva y artesanal.
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