CASTELLÓ. La transformación de un restaurante que ha formado parte durante décadas del paisaje cotidiano del Grau de Castellón avanza paulatinamente, especialmente en sus entrañas. El interior del antiguo J. Zamora presenta durante estos días una imagen completamente distinta a la que recuerdan generaciones de trabajadores portuarios, vecinos y visitantes. En este sentido, tras varios meses de obras, el histórico inmueble aparece totalmente vacío y diáfano, reducido a su estructura esencial y a la distribución que definirá la nueva etapa del conocido como Comedor de Obreros. Las mesas, los elementos decorativos y cualquier referencia a los últimos periodos de actividad han desaparecido. En su lugar, el edificio expone ahora un espacio abierto que espera la llegada del mobiliario y los acabados definitivos para afrontar la cuenta atrás hacia su reapertura, prevista para septiembre bajo la labor conjunta de J. Zamora & Guindilla Gestión.
De esta manera, la transformación responde a la profunda rehabilitación impulsada por la Autoridad Portuaria de Castelló, que adjudicó las obras a la empresa local Crisol por cerca de 494.000 euros, financiado al 60 % con fondos europeos. La actuación en marcha supone una redistribución integral del interior, la sustitución de elementos constructivos y la modernización de las instalaciones para adaptar el inmueble a las exigencias actuales de accesibilidad, eficiencia energética y seguridad. El resultado visible en estos momentos representa un lienzo en blanco donde anteriormente se sucedían comedores y zonas diferenciadas. Ahora, se aprecia una planta despejada que permite imaginar el nuevo concepto ideado para el establecimiento. Asimismo, la intervención alcanza la cubierta, cuya impermeabilización habilitará la azotea como espacio de ocio vinculado a la oferta lúdica del puerto.

- El resultado visible representa un lienzo en blanco donde se sucedían comedores. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
El mobiliario de cocina, último contrato antes de la reapertura
Con ello, la siguiente fase estriba en el equipamiento del local, diferenciado entre la cocina y la sala y el propio interiorismo. A tal efecto, PortCastelló licitó a finales de mayo el suministro del equipamiento profesional por un importe de 247.000 euros, el último contrato pendiente antes de la reapertura. La actuación incluye desde mesas, mostradores y encimeras hasta cámaras y equipos de refrigeración necesarios para poner en marcha la actividad. Por otro lado, el mobiliario decorativo, de la mano del Grupo Guindilla, se encargará de dar forma a una propuesta estética que busca combinar la memoria del Grau con los códigos de la restauración contemporánea. El proyecto prevé una extensa barra que actúa como eje vertebrador del espacio, mientras que la cocina quedará abierta a la vista de los clientes para convertir la elaboración gastronómica en parte de la experiencia.
En este sentido, la futura imagen del restaurante girará alrededor de una identidad visual inspirada en el paisaje marítimo. Los tonos vinculados al Mediterráneo, los pigmentos industriales asociados a la actividad portuaria, la cerámica cocida tradicional y las referencias cromáticas al coral formarán parte de la nueva estética. Asimismo, se contempla la instalación de un elemento escultórico central concebido como símbolo de conexión con la identidad del puerto. El mobiliario combinará madera, cerámica y sillería con cuerda trenzada, una mezcla pensada para enlazar tradición y contemporaneidad sin renunciar al carácter histórico del inmueble. La intención de los promotores persigue evitar una reproducción literal del pasado y apostar por una reinterpretación actualizada de uno de los establecimientos más emblemáticos del distrito marítimo.

- La imagen girará alrededor de una identidad inspirada en el paisaje marítimo. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
De los arroces a la brasa: la propuesta culinaria made in Guindilla
Detrás de la transformación física se encuentra el proyecto liderado por el Grupo Guindilla, que encara una de las aperturas más simbólicas de su trayectoria. El local, cerrado desde 2024 tras finalizar la anterior concesión, recuperará el nombre de J. Zamora y mantendrá el vínculo con la familia que convirtió el restaurante en una referencia gastronómica del Grau a través de Daniel Zamora. La propuesta culinaria tendrá sus principales señas de identidad en los arroces y la brasa, aunque el objetivo declarado va más allá de la oferta gastronómica. La aspiración estriba en recuperar el papel que históricamente desempeñó el antiguo Comedor de Obreros como punto de encuentro de la comunidad portuaria y de los vecinos. Ahora, mientras espera su reapertura, el interior vacío del edificio ofrece una imagen poco habitual: un espacio cargado de memoria que aguarda el inicio de una nueva etapa.
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