CASTELLÓ. El Grau de Castelló echa en falta a partir de esta semana una pieza inseparable de su autenticidad. Porque existen lugares que componen una parte de la memoria colectiva hasta fundirse con ella. El emblemático rock bar La Pacheca del distrito marítimo cerró este sábado después de 47 años de actividad para poner punto final a una historia que comenzó en 1979 en el número 28 de la avenida Sant Pere. En este sentido, la despedida congregó desde la mañana a decenas de personas que acompañaron al establecimiento en sus últimas horas, en una jornada bautizada como The Last Waltz, que convirtió por vez final el local en un punto de encuentro para clientes, vecinos y seguidores de un negocio que hizo de la música, las motos y la cultura rock los pilares de su identidad. Así, la persiana que ahora se baja no clausura únicamente un negocio hostelero, sino que también deja atrás consigo uno de los sitios asociados a las noches y los recuerdos de varias generaciones.
Con ello, el origen del establecimiento se remonta a los padres de Ximo Alepuz, conocido como El Pacheco, que abrieron el negocio bajo el nombre de El Corral de La Pacheca. Pocos años después, Ximo tomó las riendas del local y lo transformó progresivamente en el bar de copas que se convirtió en uno de los rincones más reconocibles del Grau. De esta manera, durante más de cuatro décadas estuvo al frente de La Pacheca y dio forma a un espacio que evolucionó junto a su clientela. Por sus puertas han pasado cada día clientes habituales, generaciones de familias y también visitantes llegados desde más allá de Castelló, atraídos por un lugar cuya personalidad resultaba difícil de encontrar en otro punto de la ciudad. Así, La Pacheca sobrevivió a los cambios en los hábitos de ocio y la transformación del propio Grau sin renunciar a unas señas de identidad referencia en la hostelería y la noche grauera.
Un álbum de música y recuerdos impreso en las paredes
En concreto, una parte importante de la personalidad del establecimiento se exponía en sus paredes. De fotografías a guitarras, cascos de moto, recuerdos, objetos vinculados a la música y una colección de elementos acumulados durante las décadas, sumían al visitante en una suerte de álbum de la trayectoria del sitio. En efecto, la música representó uno de sus principales ejes, con especial protagonismo del rock y una programación que acercó al Grau bandas y músicos vinculados a la escena nacional. Además, la relación con el mundo musical trascendió los conciertos y La Pacheca supuso un punto de reunión durante años para los músicos después de sus actuaciones en la zona y en uno de los lugares habituales para prolongar las noches. Desde luego, las fiestas de Sant Pere afianzaron más si cabe el vínculo con el distrito marítimo a través de recordadas actuaciones y actividades que propagaban el ambiente del local hasta la propia avenida.

- Una parte importante de la personalidad del local se exponía en sus paredes con fotografías o recuerdos.
En resumen, el cierre llegó este sábado con una última jornada que estuvo a la altura de cerca de medio siglo de historia. El cartel de The Last Waltz, con la inconfundible imagen de Ximo Alepuz y las fechas 1979-2026, anunció una fiesta de clausura que empezó al mediodía y continuó durante la tarde y la noche con música y varios pinchadiscos. Decenas de personas pasaron por La Pacheca para despedir el establecimiento y compartir sus horas finales antes del cierre definitivo. Precisamente, el final del rock bar posee una dimensión propia y consuma la pérdida en el Grau de un local que trascendió su vertiente hostelera para dibujarse en el paisaje sentimental del Grau. Desde 1979, sus puertas permanecieron abiertas para varias generaciones. Este sábado sonaron por última vez la música, las conversaciones y los brindis antes de que la persiana bajara para siempre.
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