CASTELLÓ. Rafa Simó Sancho (Castelló de la Plana, 1985), natural del Grau, afronta el reto de recuperar para el PSPV la alcaldía de la ciudad en las elecciones municipales de mayo de 2027 con un proyecto que sitúa la vivienda, los cuidados y los barrios entre sus principales prioridades. Simó, licenciado en Matemáticas, fue concejal y teniente de alcalde del distrito marítimo entre 2015 y 2020 y, posteriormente, presidente de la Autoridad Portuaria de Castelló hasta 2023. El candidato socialista, diputado en Les Corts Valencianes y secretario general del PSPV de Castelló desde 2024, aborda en conversación con Castellón Plaza su modelo de ciudad, las necesidades del Grau, el futuro de la actividad logística, las inversiones en sanidad y educación o los posibles pactos de gobierno tras las elecciones.
—Nos encontramos en el parque Ribalta. Uno de los proyectos actuales en este emblemático espacio es la adecuación de la Pérgola. ¿Qué propuesta tiene para este lugar y qué papel tendría en el modelo de ciudad que quiere para Castelló?
—Es uno de los temas más polémicos. Cualquier proyecto debería contar con un mínimo de participación ciudadana y con la opinión de los vecinos. Hay asociaciones que consideran que este no es el espacio adecuado para un edificio multiusos o multifuncional, que Castelló necesita, y es evidente que necesita. Sin embargo, dentro del planeamiento urbanístico, nosotros definimos la Pérgola como un elemento impropio. Y no lo escribimos los políticos, sino los técnicos expertos en la materia.
Creo que es una decisión que deberíamos abrir a la ciudadanía, porque tenemos dudas de que incorporar nuevos elementos que no sean acordes con lo que originalmente era Castelló sea lo mejor. El proyecto actual, igual que el último que presentó Amparo Marco, no tiene nada que ver con cómo está actualmente la Pérgola. Existe una necesidad de un edificio multiusos, pero ha faltado consenso, sentarse y hablar. Es el mismo error que se cometió con el Tram por el Ribalta y que el gobierno de Begoña Carrasco comete periódicamente.
—Ha situado la vivienda, los cuidados y los barrios como los tres ejes principales de su proyecto. Si hablamos de gestión: ¿cuáles serían las tres primeras decisiones que tomaría durante los primeros meses de gobierno?
—En vivienda, que me parece lo más importante, iniciaríamos una campaña para favorecer que los hogares vacíos se incorporen al mercado del alquiler mediante incentivos fiscales o seguros para los propietarios. Y, por otro lado, destinaríamos recursos reales a construir promociones propias de vivienda pública. Existen mecanismos como la vivienda industrializada, que ya se están utilizando en Cataluña, el País Vasco o Navarra. Tenemos asumido que el Ayuntamiento debe gastar dinero en un parque o en una calle, pero no en la infraestructura más importante: la vivienda.
En materia de cuidados hay dos cuestiones fundamentales. Una es la soledad no deseada de los mayores, donde hay mucho por mejorar, y otra son las políticas municipales de conciliación: desde mejorar las escoletes hasta las actividades extraescolares y todo aquello que ayude a las familias a combinar sus jornadas laborales.
Y en los barrios queremos establecer un compromiso de legislatura, dialogado y consensuado con cada uno de ellos. Nos sentaremos con los vecinos para saber qué esperan que ocurra en esos cuatro años, desde más aparcamiento o mantenimiento hasta obras o juegos infantiles. Además, tenemos que adaptar los barrios y la ciudad al cambio climático. No podemos cambiar que haga 38 grados, pero sí cómo adaptamos la ciudad. Es una cuestión de bienestar, pero también de salud pública. Tenemos que priorizar las cosas que afectan al día a día. Hacer un parque nuevo está bien, pero adaptar, mejorar o conectar los que ya existen de una manera más agradable para los vecinos debería estar por delante.
Tenemos asumido que el Ayuntamiento debe gastar dinero en un parque o en una calle, pero no en la infraestructura más importante: la vivienda
—Recientemente, su primera visita como candidato fue al Raval Universitari, donde plantea una moratoria para frenar la conversión de bajos en viviendas de pequeñas dimensiones. ¿Dónde situaría el límite entre facilitar vivienda nueva y evitar que la ciudad genere infraviviendas?
—Es sencillo: primero, que la vivienda sea digna. Puedo entender que para un determinado momento de la vida una habitación sea mejor que una vivienda, por ejemplo, cuando eres estudiante. Pero no podemos convertir eso en el sostén estructural de muchas familias. Compartir piso cuando eres estudiante puede ser una gran experiencia; otra cosa es tener un trabajo estable y que lo único que puedas permitirte en esta ciudad sea una habitación.
También debemos preguntarnos en qué tipo de barrio queremos vivir. Si destinamos todos los bajos de un barrio a construir viviendas porque son rentables para inversores, destruimos las posibilidades de comercio de proximidad. Son dos cortafuegos esenciales: evitar la proliferación de infraviviendas en bajos y garantizar que siga habiendo locales para el comercio. No estamos en contra de que haya viviendas en bajos; estamos en contra de las infraviviendas y de que desaparezcan bajos comerciales.

- El candidato socialista atiende esta semana a Castellón Plaza en el parque Ribalta. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
—El actual gobierno sitúa la apertura de la primera fase del nuevo Censal Parc para el verano que viene. Si llega a la alcaldía en esa fecha, ¿qué haría con el parque? ¿Daría continuidad a las siguientes fases?
—Lo primero sería revisar los expedientes para conocer cómo se están consiguiendo esos terrenos. Tenemos malas experiencias en otros municipios sobre cómo funcionan determinados aprovechamientos a futuro. Es decir, que el Ayuntamiento ocupe una parcela y quien venga detrás tenga que afrontar después el coste. Censal Parc es un proyecto bueno e interesante para la ciudad, pero también tenemos que mirar cuáles son las prioridades a las que destinamos los recursos públicos. La mayoría de la gente considera que es un buen proyecto, pero también dice que habrá que mantener los parques que ya existen.
Si la vivienda es el principal problema, creo que una parte de los millones destinados a completar todo el parque debería ir a vivienda, conciliación, ayudas psicológicas o a otros barrios que no tienen ningún parque o cuentan con un parque infantil con un triste muelle al sol. El gobierno actual no lo hace todo mal. Su mayor error es el enfoque sobre las prioridades de lo que debe hacer un ayuntamiento.
El Grau, el puerto y la actividad económica
—Usted conoce especialmente bien el Grau, primero como vecino y después como responsable municipal y presidente de la Autoridad Portuaria. ¿Cómo imagina el distrito marítimo dentro de cinco años?
—El Grau, como cualquier otra parte de la ciudad, tiene su casuística y su especificidad. Siempre digo que, en cierta manera, Castelló somos una agrupación de barrios que nos une el Club Deportivo Castellón, entre otras cosas. El Grau tiene por delante un proceso importante de rehabilitación de viviendas, pero también puede plantear proyectos de futuro no solo para el distrito, sino para toda la ciudad e incluso para la provincia. Un ejemplo es el Centro Integrado Público de Formación Profesional Costa de Azahar de Hostelería, un lugar donde jóvenes de Castelló y de otros municipios se forman y consiguen un futuro.
Que durante esta legislatura no se haya hablado de un Centro Integrado de Formación Profesional para el Grau, asociado al ámbito logístico-portuario, al puerto pesquero o a los trabajos que puedan aparecer con el desarrollo del polígono del Serrallo, es ir por detrás de ciudades como Sagunto, que desarrolla centros de FP en paralelo a la actividad industrial de Parc Sagunt. El Grau tiene potencial para eso y debemos pensar en una Formación Profesional vinculada a las oportunidades que van a aparecer.
El Grau tiene potencial y debemos pensar en una Formación Profesional vinculada a las oportunidades que van a aparecer
—Precisamente, ¿qué espera de LogistiCS? Si es alcalde en 2027, ¿qué debe hacer el Ayuntamiento para que esos 1,7 millones de metros cuadrados se conviertan en suelo atractivo para la industria más allá de su desarrollo?
—Hay que recordar que nosotros fuimos quienes proyectamos ese espacio, aunque entonces no lo bautizáramos como LogistiCS. Conseguimos que dentro del Plan General estuviera esa planificación de futuro, junto con los fondos europeos del Gobierno de España para la llegada del ferrocarril a la dársena sur. Es una oportunidad de futuro para Castelló, el Grau y toda la provincia.
Hay que desarrollarlo. No suelo criticar los plazos porque sería caer en la crítica fácil y sé que los proyectos cuestan mucho. El gobierno actual ha hecho poco más que bautizarlo, y me parece bien, pero ahora hay que desarrollarlo. Necesitamos que empresas e inversores de aquí apuesten por él y también que lo hagan empresas e inversores de fuera. Durante mi etapa en la Autoridad Portuaria hablamos con las empresas y todas nos decían lo mismo: si no hay ferrocarril, Castelló queda fuera del mapa. Y ese ferrocarril está gracias a los fondos europeos que consiguió el Gobierno de Pedro Sánchez.
El nuevo Hospital General y los proyectos educativos
—Durante la legislatura ha sido especialmente crítico con la Generalitat por la baja ejecución de sus inversiones en Castelló. Recientemente se ha anunciado la licitación del nuevo Hospital General. Si usted fuera alcalde, ¿cuál sería su posición respecto al proyecto y qué le exigiría al Consell durante los cinco años previstos para la obra?
—Es un buen anuncio más que una noticia. Después de años esperando avances, lo que hemos tenido son anuncios. He sido muy crítico porque, cuando llegó el actual Consell, se dejó sobre la mesa un plan funcional que ya definía las necesidades del nuevo hospital: quirófanos, consultas y otros servicios. El conseller Marciano Gómez decidió hacer uno nuevo y, cuando comparamos ambos, coinciden prácticamente en un 90 %. Eso significa que, por lo que sea, se dio una patada al balón hacia delante para ganar tiempo.
También he sido crítico porque la primera vez que Carlos Mazón anunció que se iba a licitar la redacción del proyecto fue durante un día de paellas en el Grau y después se tardaron nueve meses en licitarlo. Por eso quiero ser prudente ahora. Si se repite la situación, tendremos la licitación a las puertas de las elecciones. Dicho esto, es una buena noticia. Sé que es un proyecto complicado y que lleva sus trámites, pero creo que hemos perdido la legislatura y que lo que se ha hecho en cuatro años podría haberse hecho perfectamente en dos.
Además, no podemos olvidar la situación del actual Hospital General, que durante muchos meses ha estado entre los hospitales de la Comunitat con peor evolución de las listas de espera. No podemos aceptar que, a última hora, se intente vender como un gran éxito lo que llega tarde.
Los anuncios están bien siempre que vengan acompañados de tramitaciones de verdad
—En educación, Castelló acumula proyectos como el IES Crèmor, el Vicent Castell, el nuevo Conservatorio o la demanda de nuevos centros. Si tuviera que establecer un orden de prioridades, ¿cuáles serían sus tres actuaciones educativas prioritarias y qué compromisos exigiría a la Generalitat?
—Hace falta un Plan Edificant 2.0. No lo digo solo yo: la alcaldesa, al inicio de este último curso de legislatura, ya ha anunciado que va a pedir la delegación de competencias para dos colegios. Me parece corto, porque hay cinco centros de primaria que necesitan que el Ayuntamiento los ponga en marcha.
Cuando todavía no sabíamos cómo funcionaba Edificant, con el gobierno de Amparo Marco se pidieron cuatro centros, que son los cuatro que se han inaugurado durante esta legislatura. Ahora se piden solo dos centros en lugar de los cinco que reclamábamos. También hay que exigir a la Conselleria que impulse de verdad el nuevo Conservatorio, cuya tramitación ha sido prácticamente nula. Es una infraestructura que no afecta solo a Castelló, sino a toda la provincia.
Y, por último, están dos proyectos que llevan demasiado tiempo olvidados: los institutos Crèmor y Vicent Castell. En enero, el portavoz del gobierno municipal, Vicent Sales, dijo que el IES Crèmor ya estaba licitado. Era en realidad un anuncio previo de que en el futuro se licitaría. Estamos en septiembre y la licitación de la redacción del proyecto todavía no está en marcha. Los anuncios están bien siempre que vengan acompañados de tramitaciones de verdad.
El balance del gobierno municipal y los pactos
—El PP y Vox han gobernado juntos durante tres años. ¿Cuál cree que es el principal error de esta legislatura: una cuestión de modelo de ciudad, gestión o prioridades? Y, por otro lado, ¿qué no repetiría de los ocho años durante los que gobernó el PSPV entre 2015 y 2023?
—Es un problema de prioridades. Todavía no entiendo, por ejemplo, por qué hemos gastado más de dos millones de euros en el edificio del antiguo Cine Rex, cuando además ya se ha admitido que no se puede utilizar para nada. Tampoco entiendo por qué hemos entregado dos solares muy valiosos en Censal para quedarnos con 20 viviendas pequeñas.
Se han destinado muchos recursos a cuestiones que no mejoran el día a día de las personas. Hay una parte importante de postureo que ha marcado esta legislatura. La gente puede dormir perfectamente si las flores de la plaza Mayor están mejor o peor regadas, pero no puede dormir si tiene que dejar a su hijo con el abuelo, si tiene una cita con el especialista a año y medio vista o si su hijo quiere independizarse y lo mejor que encuentra es una habitación por 500 euros. El Ayuntamiento debe dinamizar la ciudad, y creo que eso se ha hecho y es una de las cosas que se han hecho bien, pero una parte de esos recursos debería destinarse a minimizar los problemas que quitan el sueño a la gente.
Respecto a nuestra etapa de gobierno, los problemas actuales no son los mismos que había en 2015. Se nos dice que no hicimos nada en vivienda, y eso es falso: el parque público de vivienda creció más durante los últimos cuatro años de Amparo Marco que durante los tres primeros de Begoña Carrasco, con una diferencia de casi once veces. En 2015 la vivienda no era el problema que es ahora.
Lo que sí debemos cambiar es el enfoque. Si queremos que la gente respete la política, debemos dejar de faltarnos al respeto, ya sea mediante insultos o discursos que dañan la convivencia, y debemos conseguir que los ciudadanos vean que lo que hacemos desde un Ayuntamiento sirve para mejorar su vida. Mi manera de entender la política es desde el sosiego, la naturalidad, la reflexión y la participación, siempre centrados en aquello que realmente importa en la vida cotidiana de la gente y en la calidad de vida futura.

- El proyecto de Simó se articula en torno a la vivienda, los cuidados y los barrios. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
—Usted ha dicho que Castelló estará por encima del PSPV y que está dispuesto a pactar si es necesario. Después de cuatro años del PP y Vox, ¿estaría dispuesto a reeditar un acuerdo con Compromís? ¿O aceptaría, por ejemplo, un gobierno en minoría buscando acuerdos puntuales antes que repetir una coalición de gobierno?
—No depende de nosotros, sino de lo que la ciudadanía ponga encima de la mesa. Creo que hay que recuperar los acuerdos entre los dos grandes partidos de esta ciudad, el Partido Popular y el Partido Socialista. Que se haya roto esa comunicación no es bueno para la ciudadanía ni para la ciudad. También he trabajado con Compromís, con Verònica Ruiz, y he trabajado a gusto. Hay cosas que nos diferencian, evidentemente, pero en lo principal, que es poner por delante los problemas de la ciudadanía, creo que no tendríamos ningún tipo de problema.
Quiero que mi equipo sea de gente a la que le guste más la calle que el despacho
—Por último, si en mayo de 2027 los castellonenses le dan la alcaldía y nos sentamos de nuevo aquí dentro de cinco años, ¿qué tres cosas le gustaría haber cambiado de Castelló?
—La primera sería la imagen del Ayuntamiento. Quiero que la gente perciba que está para resolver sus problemas, no para su propia imagen ni para el hiperpersonalismo del alcalde o del concejal de turno. La segunda es el orgullo de ciudad. En el vídeo de presentación del proyecto hablábamos de la millor terreta del món. Creo que lo somos, pero sobreutilizar ese término nos hace peores. Tenemos que conseguir que Castelló sea uno de los mejores lugares para vivir. Y eso no depende solo del clima, la playa o de que sea una ciudad cómoda, sino de que puedas vivir mejor. Ahí el Ayuntamiento y las administraciones tienen mucho que hacer. Y la tercera es que los ciudadanos identifiquen mi gobierno como un gobierno normal, natural, que pisa la calle, empático y sensible con lo que piensa la ciudadanía.
Hay que trabajar en el despacho, pero a mí me gusta más la calle. Quiero que mi equipo sea de gente a la que le guste más la calle que el despacho. Y no para el folclore, sino para identificar los problemas que tiene la gente: una madre que no encuentra una residencia para su familiar, una familia que no tiene con quién dejar a sus hijos o un adolescente con problemas de adicción. Ahí es donde hay que preguntarse si aparece suficientemente la Administración y, especialmente, si aparece suficientemente la Administración municipal. Creo que esa es la clave de todo.
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