Un Castellón de 20.000 habitantes, epicentro científico en el primer eclipse fotografiado en 1860

CASTELLÓN

Un precedente histórico

El próximo miércoles 12 de agosto, la provincia vivirá un acontecimiento histórico desde el punto de vista social y turístico, pero también de gran interés científico, con la observación del 'Gran Eclipse Español'. 166 años antes, el 18 de julio de 1860, Castellón acogió una inédita concentración de equipos de expertos internacionales en astronomía, en torno al primer fenómeno solar de este tipo que pudo ser inmortalizado en imágenes.

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

El eclipse del miércoles 12 de agosto de 2026 ha hecho correr ríos de tinta desde mucho antes de la fecha que hoy todos tenemos en mente. A nadie escapa su excepcionalidad: solo será visible desde los extremos al norte de la Siberia rusa y de Islandia, así como en la isla danesa de Groenlandia y la mayor parte de la mitad norte de España. La provincia de Castellón será una de las áreas privilegiadas desde donde podrá contemplarse en su totalidad -el extremo norte de la Siberia rusa, el extremo oeste de Islandia, la isla danesa de Groenlandia y la mayor parte de la mitad norte de España.

Tal y como se recoge en la página web del Planetario de Castellón, “hace más de un siglo que no gozamos de un eclipse total desde nuestra localización. Y hasta el siglo que viene no volveremos a tener otro total; y hemos tenido suerte porque según la media, se repiten cada más de 300 años”. En una vida humana, la probabilidad de observarlo “es muy baja”, según explica Jordi Artés, director del Planetario.

Así pues, si la meteorología lo permite, los castellonenses del siglo XXI podremos gozar en unos días del mismo fenómeno que ya fue objeto de atención por nuestros antepasados de 1860 y 1905, si bien la expectación despertada en esta ocasión es incomparable, como lo son las dimensiones de la ciudad y provincia de aquellos momentos con las de la actualidad. Por no hablar de un fenómeno entonces inexistente: el turismo. La provincia contaba apenas alrededor de 260.000 habitantes en el primer caso, el de 1860, y la capital frisaba los 20.000 vecinos.

  • Noticia sobre la observación del eclipse de 1860 en un periódico de Hamburgo.

El último eclipse vivido en Castellón, el de 1905, fue de larga duración -casi 3 minutos de totalidad- y se pudo observar entre las 13 y las 14 h del 30 de agosto, el resultado fue agridulce en la capital, pues unas nubes surgidas justo en el momento más inoportuno impidieron observar el fenómeno con plena satisfacción. La frustración se apoderó de los expertos, como la comisión británica instalada junto a los edificios -aún por inaugurar- del nuevo Hospital Provincial de Castellón, que apenas pudieron tomar algunas imágenes de menor calidad de la deseada. Hasta la provincia se habían desplazado equipos científicos ingleses, norteamericanos, franceses, italianos o rusos, además de otros españoles, repartidos entre la capital, Benicàssim, Catí, Torreblanca, Alcalà de Xivert, Alcossebre o Vinaròs, como recoge Manuel Canseco, catedrático de Matemáticas en el IES Francisco Ribalta, en su libro Eclipses totales en Castelló de la Plana, editado con motivo del centenario del de 1905 y disponible en el Repositori de la Universitat Jaume I.

45 años antes, en 1860, las cosas habían sido afortunadamente distintas. El eclipse, según relata Canseco “era el primero que se podía observar en Europa, en un momento en que estaba en plena discusión la constitución del Sol y que nuevas técnicas como la espectroscopia y la fotografía se estaban aplicando a la investigación estelar”. Distintos equipos científicos de la época trataron de saber más sobre los eclipses y en el caso de la provincia de Castellón, fue anfitriona de diversas expediciones internacionales: en Torreblanca se instaló una expedición italiana, dirigida por el director del Observatorio de Milán. En Oropesa se encontraron dos, una del Observatorio de la Marina de San Fernando y otra portuguesa liderada por los observatorios de Coimbra y Lisboa, además de “una reunión de catalanes” en el Puig de Sant Josep (al norte del cabo de Oropesa). En la capital, el campanario acogió a un grupo alemán, de Hamburgo y Berlín, y otro francés -de Montpellier- mientras en la torre del cuartel de San Francisco se instalaba el director del Observatorio de Ginebra y en un jardín, el director del Observatorio de Múnich, Johann von Lamont, y otros científicos alemanes. Para estos expertos llegados de toda Europa fue decisiva la coordinación y el apoyo del catedrático de Física y Química y director del instituto provincial -ubicado en la actual plaza Santa Clara- Francisco Llorca, quien posteriormente recibiría numerosas cartas de agradecimiento desde distintos puntos de Europa. Era el reconocimiento a “un importante trabajo de coordinación de las expediciones y ayuda a los expedicionarios”, según subraya Mari Luz Blanco en su trabajo Un home de ciència en un temps convuls. Apunts biogràfics sobre Francisco Llorca Ferrándiz (1816-1884).

  • Imágenes tomadas junto al cabo de Oropesa por un grupo catalán, en julio de 1860.

“En 1860 se vio el eclipse estudiando entre otras cosas si las protuberancias eran del sol, o si eran fenómenos atmosféricos o eran aberraciones del telescopio”, indica Artés. Según precisa Canseco, esa era precisamente “la investigación más importante” del momento. Y estaba en el foco del grupo instalado en el Desierto de las Palmas y liderado por el jesuita Pietro Angelo Secchi, director del Observatorio del Colegio Romano, en un viaje sufragado por el Papa Pío IX. Junto con el inglés Warren de la Rue, instalado en Rivabellosa (Álava), y con nueve minutos de diferencia, ambos grupos consiguieron fotografiar dichas protuberancias y sus trabajos lograron demostrar que efectivamente correspondían al astro rey. Atendido por monjes del convento de los Carmelitas Descalzos, el grupo de Secchi situó dos estaciones de observación, una en lo alto del monte Bartolo, junto a la ermita de San Miguel, y otra en la Portería Alta, cerca de la ermita de Nuestra Señora del Carmen. Desde ambos puntos se tomaron imágenes, las primeras de un eclipse con el método del colodión, técnica inventada solo unos años antes y que consiste en verter una mezcla de nitrocelulosa, alcohol y éter con sales sobre una placa de vidrio o metal, sensibilizarla en nitrato de plata, y exponerla y revelarla mientras sigue húmeda en pocos minutos. La logística tampoco fue un tema menor: “tuvieron que subir allí dos toneladas de material, con caballerías”, explica Artés.

Y es que "las principales observaciones se producen en Castellón y Álava porque están no demasiado lejos de la costa, y llegar en barco facilita las comunicaciones, en esa época, y más con un equipamiento sensible que no podía trasladarse en carro", subraya Artés. En el caso de Castellón, junto al jesuita italiano participaron en la operación entre otros Antonio Aguilar, director del Observatorio de Madrid; Federico Manuel María de Botella y de Hornos, ingeniero de Minas; José Montserrat, catedrático de Química General de la Universidad de Valencia; Dionisio Barreda, catedrático de Física y Química de la Universidad de Salamanca; el padre Juan Vinader, catedrático de Física en el Seminario de Salamanca Antonio Rodríguez Cepeda, catedrático de Economía Política en la UV y astrónomo aficionado. 

En el caso del equipo alemán instalado en lo alto del campanario de la capital, contamos con el detalle de lo relatado por la prensa de Hamburgo al regreso de la expedición. En el periódico Altonaer Nachrichten se explicaba que el Dr. G. Müncker, asistente del observatorio astronómico de Hamburgo, “tuvo que abandonar su plan original de observar desde la isla de Ibiza debido a la falta de comunicaciones regulares con ese lugar, optando finalmente por Castellón de la Plana en España continental, donde encontró mejores condiciones. Otros astrónomos alemanes que también querían participar en la observación se unieron a él en Castellón”. Entre ellos se encontraban el profesor Fabian Karl Ottokar, barón de Feilitzsch, profesor de la Universidad de Greifswald, los franceses J. N. Legrand, catedrático de Astronomía de la Universidad de Montpellier, junto con su colega Wolf, de la misma Universidad, o el alemán George Rümker, director del Observatorio de Hamburgo, así como el extremeño Claros. Por su parte, el profesor Emile Plantamour, director del Observatorio de Ginebra, estaba en el cuartel de San Francisco.

Según el relato del diario alemán, Ottokar “se instaló el 18 de julio en la torre de la catedral de Castellón, de 200 pies de altura, desde donde se tiene una magnífica vista, mientras que los demás astrónomos se ubicaron en los jardines de los alrededores. La observación del eclipse total de sol fue favorecida en Castellón por un clima despejado y resultó muy exitosa. Los fenómenos durante la totalidad del eclipse fueron claramente visibles y descritos de manera extraordinariamente detallada”. Todo ello permitió lo más importante: “la corona solar se mostró en todo su esplendor, presentando una configuración particularmente impresionante en esta ocasión. Desde 1851 no se había observado un eclipse total tan favorablemente. El profesor Müncker y sus colegas elogiaron las condiciones de Castellón y los resultados obtenidos. Estas observaciones, realizadas con precisión científica, contribuyeron significativamente al avance de la astronomía”.

La misma expectación y similares experimentos se hicieron en otros puntos de la provincia, en una movilización científica inédita para la época que también despertaba la atención de distintas personalidades del momento. Así, hasta Oropesa llegó nada menos que Antonio de Orleans, duque de Montpensier, que solo cuatro meses antes había sido recibido por la reina Victoria en el Palacio de Buckingham y que una década después llegaría a ser candidato al trono de España en el proceso que llevó a la elección de Amadeo I. Allí estaría también, entre los grupos desplazados al cabo de Oropesa, el citado profesor Francisco Llorca, director del instituto de Castellón, quien efectuó antes, durante y después del eclipse observaciones barométricas y termométricas que luego comunicó al Observatorio de Madrid.

  • Portada de periódico publicada el 22 de julio de 1860 · Autor: Portal de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura

De vuelta al equipo instalado en el Desierto de las Palmas, el director del Observatorio de Madrid, Antonio Aguilar, publicaría unos días más tarde, en agosto y en el semanario catalán El álbum de las familias uno de los extensos informes que se derivaron de la observación del eclipse, permitiéndose un pequeño recuerdo íntimo del momento inmediatamente posterior a los 3 minutos y 11 segundos que, según su medición, duraría la fase de totalidad: “con la aparición del primer rayo de Sol coincidió un murmullo de júbilo y satisfacción escapado involuntariamente de los pechos antes oprimidos de aquella multitud de curiosos que nos rodeaba y que hasta entonces había permanecido en un completo y silencioso recogimiento”. Otros de los objetivos de estas expediciones, como la búsqueda del planeta Vulcano, que en aquel momento se suponía interior a Mercurio y que supuestamente explicaría lo irregular de su órbita, no serían alcanzados.

Una ocasión única

Aquel eclipse del 18 de julio de 1860 fue visible en su totalidad desde Canadá, el norte de los Estados Unidos, España, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Sudán y Eritrea. El eclipse se pudo ver asimismo como parcial en una franja mayor de América del Norte, Europa y el norte y oeste de África. El del 30 de agosto de 1905 se pudo observar en su totalidad desde Canadá, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Arabia Saudita, Yemen u Omán. Asimismo, una versión parcial fue visible en partes del este de Norteamérica, Europa, el norte de África, África central y Asia occidental.

Estos precedentes convierten el caso del eclipse de este 12 de agosto en algo único: solo será visible como total en el extremo norte de la Siberia rusa, el extremo oeste de Islandia, la isla danesa de Groenlandia y la mayor parte de la mitad norte de España. Además, se podrá ver parcialmente en Alaska, costa siberiana de Rusia y Cabo Verde. Por todo ello, se habla de él como el Gran Eclipse Español.

Desde la perspectiva de Castellón, no obstante, el de 1860 quedará en la memoria por ser el primer eclipse que fue fotografiado y por la concentración en la provincia de una concentración de científicos nunca antes vista. Como curiosidad final, cabe subrayar la coincidencia en un mismo lugar -la ermita de San Miguel, en el Bartolo- de la expedición de Secchi en 1860 y del geógrafo y astrónomo francés Pierre Méchain medio siglo antes, en su caso centrado en los trabajos que permitirían la medición del Meridiano de Greenwich y en definitiva, del establecimiento del metro como unidad de medida del mundo occidental. Nada menos.

  • El eclipse del próximo miércoles 12 de agosto en la capital de la Plana -

 

Recibe toda la actualidad
Castellón Plaza

Recibe toda la actualidad de Castellón Plaza en tu correo