Daniel Monzón: “Por desgracia, no hemos inventado nada de lo que se ve en pantalla”

Cine

El cineasta ha destapado en San Sebastián con su nuevo drama de época, 'Ruega por nosotras', el horror del Patronato de Protección de la Mujer, la institución franquista que encerró a miles de jóvenes hasta bien entrada la democracia

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VALÈNCIA. En noviembre de 1941, un decreto impulsaba la puesta en marcha del Patronato de Protección de la Mujer, un organismo franquista destinado a "redimir a la mujer inmoral", considerándose tales a aquellas jóvenes que fumaban, se manifestaban, vestían inapropiadamente, desobedecían o se quedaban embarazadas fuera del matrimonio. 

Daniel Monzón (Palma de Mallorca, 1968) tuvo conocimiento de su existencia durante el rodaje de Las leyes de la frontera (2021). Aquel hallazgo sobre una institución que mantuvo encerradas, coartadas, castigadas físicamente y explotadas laboralmente a miles de españolas le llevó a preguntar a sus padres y a conocidos y allegados de esa generación. Nadie sabía de esta estructura.

Lo más que llegaban a asociar a aquel entramado ligado a órdenes religiosas era la existencia de reformatorios, pero había una clara opacidad respecto a la presencia de 538 centros diseminados por toda España, donde se desarraigaba a las internas de sus familias, de sus orígenes, de sus pueblos y ciudades.

“Si eran de Madrid las llevaban a Barcelona; si de Barcelona, a Sevilla, para que estuvieran en una situación más débil, lo más desprotegidas posible”, explica el director mallorquín criado en València al que, dentro del horror de lo que iba descubriendo, lo que más le espantó fue la pervivencia de aquel régimen de la punición hasta 1985.

Esto es, mientras muchas de sus víctimas se hallaban retenidas “para apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica”, según reza el decreto de los años cuarenta, el realizador estaba, por ejemplo, yendo al cine a ver En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981)

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Afectado profundamente por vivir ajeno a esta barbaridad, se sumergió en tesis doctorales, documentos de archivo, libros de investigación, documentales, podcasts y decenas y decenas de declaraciones de internas. Junto a su guionista de cabecera, Jorge Guerricaechevarría, padres ambos de hijas únicas, se marcaron como obligación sacar a la luz esta realidad silenciada. “Y la única manera de hacerlo, como cineastas, era a través de una película”, concluye.

El propósito se ha hecho realidad estos días en la gran pantalla en el Festival de San Sebastián, donde Ruega por nosotras se ha presentado fuera de concurso en la Sección Oficial antes de su estreno en cines el 6 de noviembre. 

El ensayo pionero de Consuelo García del Cid

El título de este drama de época coincide con el de un ensayo pionero de Consuelo García del Cid donde se apoya en numerosos testimonios, el suyo propio incluido, sobre el secuestro sistemático de niños y la reeducación forzada de mujeres bajo la dictadura. El cineasta achaca la diversidad de voces a la confianza que la autora logró tejer con otras supervivientes. 

“Uno de los motivos por los que la actividad del Patronato permaneció oculta tanto tiempo es el estigma que sentían las chicas que pasaron por allí. Estas mujeres rotas no querían hablar de ello, no querían recordarlo -lamenta Monzón-. Son como presas que han pasado por la cárcel y no quieren que se sepa. Se les hizo sentir pecadoras, gente de segunda división, cuando no eran culpables de nada”. 

Estos años de investigación han cristalizado en una película larga, donde ha orquestado dramáticamente una ficción basada en hechos reales. “Por desgracia, no hemos inventado nada de lo que va a ver el espectador en pantalla”, advierte su responsable.

Su protagonista, Ana, interpretada por Zoe Bonafonte, que ya destacó como nuevo valor del cine español en El 47 (Marcel Barrena, 2024), es una hija de familia bien a la que le gusta escaparse por las noches. Su caso se espeja en el de Rocío Paso, la menor de la prole del dramaturgo Alfonso Paso, quien con 15 años fue ingresada en el Patronato por su padre por salir hasta tarde con las amigas, hablar con el servicio y formular preguntas incómodas durante la cena. 

Pero entre el nutrido casting también hay muchos otros personajes que ejemplifican motivos variadamente vergonzantes del encierro en estos centros. Entre ellos, Monzón destaca el caso de “niñas violadas por su padre, su hermano o su tío, a las que se consideraba culpables de despertar el deseo en el hombre, y resultaba más cómodo apartar, porque significaban una molestia social”.

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Drama iniciático, thriller de fuga y pasajes del terror

Dos de sus películas previas han sido abono para Ruega por nosotras: Celda 211 por su naturaleza carcelaria y Las leyes de la frontera por retratar la rebeldía de la juventud durante los setenta en España. Su nueva propuesta abarca de 1974 a 1979, el lapso hasta que Ana cumple la mayoría de edad, que en aquel entonces se alcanzaba a los 21 años.

“Podíamos haber hablado del Patronato en los años cuarenta, cincuenta o sesenta, pero nos interesaba llevar la trama lo más lejos posible, porque es lo que más escalofrío da -se justifica-. Lo fuerte del caso es que muere Franco y la institución continúa una década más en democracia. Esto quiere decir que hay una base estructural: las propias familias consideraban que lo correcto era ingresarlas, y todo este magma sigue bullendo. Así que, cuidado, porque a poco que se avive, puede volver a crecer algo tan terrible como esto”. 

Las desventuras de las reclusas se revisten de thriller de fuga, coming of age y suspense. “Quería hacer una película desde el rigor, pero también rodar un filme muy abierto, que resultara muy entretenido y emocionalmente empático, porque si quieres contar algo así, la manera de hacerlo no es desde un púlpito, señalando con el dedo y para cuatro gatos”, valora el director acerca del ánimo comercial de su propuesta, con la que aspira a llegar lo más lejos posible.

De ahí que comparta con los largometrajes mencionados el empujar a la audiencia hasta el borde de la butaca.

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