MÁLAGA (EFE). El escritor y periodista Manuel Vicent ha cumplido este martes 90 años —"lo que me jode es que me siento observado como un animal extraño", ha confesado— y lo ha celebrado en el Festival de Málaga, donde ha elogiado la costumbre de ir al cine: "Pagas diez euros por volver a ser un niño desde que apagan luces".
En este certamen se ha presentado 'Mañana seré feliz', un documental fruto de una larga entrevista o charla de nueve horas durante tres días que le han hecho David Trueba y Luis Alegre, quienes ya probaron este formato, que ellos definen como película-conversación, en 'La silla de Fernando' (2006), con el cineasta Fernando Fernán Gómez.
Un proyecto que, en palabras de sus directores, "nace de la fascinación que te produce alguien cuando comprendes que es único y su manera de contar la vida es deslumbrante. Dejar testimonio de este cerebro singular nos parecía algo obligatorio", han explicado.
Tras la proyección de la película, el auditorio, animado por el productor Arturo Valls y con la cantante Ana Belén entre el público, ha entonado el 'Cumpleaños feliz', mientras el valenciano —nacido en Villavieja (Castellón)— comentaba con socarronería: "ya os llegará, ya os llegará". Minutos antes, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, le ha entregado una Biznaga, y ambos han intercambiado sobre el escenario recuerdos sobre su servicio militar en el mismo cuartel malagueño.
Divertido, incisivo e inteligente, en una charla posterior con un reducido grupo de periodistas, Vicent ha quitado importancia a su edad. "¿Qué quieren, que vaya con un bastón arrastrado como un gusano?", se ha preguntado el autor de 'Tranvía a la Malvarrosa', que reconoce que en realidad "todo depende de cómo vengas de fábrica".
"Yo creo que a partir de los 75 años ya no se cumplen años, la edad se suspende. Ya es enfermedad o salud, ilusión o derrotismo, proyectos o puta mierda en la vida", ha resumido. Justamente este martes ha fallecido su amigo y vecino Raúl del Pozo, de quien ha recordado que ambos nacieron en 1936: "Éramos dos, y me he quedado yo solo".
En su larga vida, el ganador de los premios Alfaguara y Nadal, entre otros, ha acariciado un sueño: ser director de cine, un arte que le ha acompañado desde que de niño veía desde su terraza la mitad de la pantalla de un cine de verano cercano, y que sigue disfrutando todos los sábados, día en que acude a ver una película "en una cuadrilla con tres viudas", según ha explicado.
"Todo es una fantasmagoría. Lo que tú compras por los diez euros de la entrada es la ingenuidad, pagas para ser un niño desde que se apagan las luces. Y la buena película es la que te permite estar hasta el final sin que te disturbe una palabra literaria o un mal enfoque de la cámara", ha reflexionado.
Por eso, considera que hacer una buena película, que "te encandile desde el primer fotograma hasta el último", es "extremadamente difícil". Él mismo intentó ser director de cine, un sueño del que hablaba en su novela 'Ava en la noche', pero no le admitieron en la Escuela Oficial de Cinematografía.
Se decantó entonces por el oficio de escritor y cronista político y social, con un estilo irónico y nostálgico que explora una particular visión de la vida. "La realidad es polifacética y a mí lo que más me gusta de una columna es hablar de cualquier cosa anodina y al final dar un giro al espejo, verlo desde el otro punto de vista", ha resumido.
Vicent, que reconoce que prefiere no leer los comentarios a sus columnas en El País, opina que "las personas están fabricadas, diseñadas y esculpidas por la mirada de los otros. Tú eres lo que la gente cree que eres. El espacio que tú ocupas en la sociedad, en la vida, desde que te levantas hasta que te acuestas, lo está tallando la gente que te observa alrededor".