CASTELLÓ. Hace una década se presentó un estudio sobre la situación que vivía el jazz en España y los críticos coincidieron en apuntar que el futuro de este género se encontraba en manos de un grupo de jóvenes talentos entre los que estaba Noa Lur. La cantante bilbaína, diez años después, sigue sosteniendo parte de los mimbres del jazz que se crea, se graba y se toca en nuestro país, y este próximo miércoles tendremos la ocasión de comprobar que así es gracias al concierto que ofrecerá en el Teatre del Raval (19.00 horas) dentro del festival que todos los años organiza el Ayuntamiento de Castelló.
Noa Lur, quien acaba de ser seleccionada como semifinalista en los Premios de la Música Independiente (MIN) en la categoría de mejor álbum de jazz 2025, habla alto y claro de la necesidad de vivir acompañados por el jazz. La respuesta al porqué la tendremos en el directo que está ultimando para su cita en la Plana en formato quinteto, donde presentará los temas de su último disco, ‘Multipolar’. La cantante y compositora lleva años trabajando para acercar a los niños y niñas la música de jazz. Su proyecto ‘Jazz for children’, que llena teatros en cada convocatoria, es una cruzada muy particular que afortunadamente le está devolviendo alegrías con las que compensar el esfuerzo de bajar al barro para dar a conocer a los más pequeños este género.
Entiende Noa Lur que una de las dificultades que acompañan al sector es la poca visibilidad que sufre, y por eso reclama a instituciones públicas y privadas que respalden más proyectos y conciertos de jazz. Y por eso mismo aplaude la apuesta en Castelló por la continuidad de un festival de estas características.

—¿Cómo vas a plantear el concierto de Castelló?
—Vamos a presentar un disco que se grabó con 13 músicas y músicos que van apareciendo a lo largo del disco. En unos temas tocamos todos y en otros no. Es un viaje bastante multipolar, tal y como dice el título del álbum. A Castelló vamos a ir en formato de quinteto. Estoy muy contenta por la flexibilidad que me está permitiendo este disco. Antes de iros a ver, tocamos en Vitoria a dúo y en Madrid con una big band. O sea, con dos formatos totalmente distintos al que llevamos al Teatre del Raval. Como ves, las próximas semanas se presentan como una especie de superviaje de formatos distintos.
—¿Y el repertorio también lo vas adaptando a cada concierto?
—En esta gira no. Estamos justo en el momento de dar a conocer el nuevo disco, por lo que nos ceñimos a las canciones que acabamos de publicar. Aunque es cierto que, como tenemos ya muchos temas grabados con anterioridad, realizaremos algún que otro guiño a anteriores discos y tocaremos alguna de antes. Pero nos vamos a centrar en ‘Multipolar’. De todos modos, siempre depende un poco de la situación. Sí, vamos a Leganés porque me han llamado de la big band proponiéndome tocar mis temas a lo grande, con más de una veintena de músicos en el escenario, pues me adapto. A este tipo de aventuras me presto siempre. Estoy muy a favor de ser flexible y escuchar propuestas y ajustarme a las necesidades, ya sea de una sala pequeña o de una big band.
—Eso supone un esfuerzo extra en la preparación del bolo, ¿no?
—Sí, claro. Es mucho trabajo porque la música que se graba para un disco es la que es; tal y como se concibe, se presenta. Pero lo otro es una especie de relecturas de esa misma música con más o menos instrumentos. Me suele resultar menos sofisticado y más sencillo virar a menos porque, cuando concibo la música, lo hago yo sola con el teclado o, como mucho, con mi compañero guitarrista, y entonces es como hacer un viaje hacia el origen, hacia el momento en el que se creó la música. Y eso es más fácil que preparar un repertorio para big band, aunque he de decir que en ese caso los arreglos me los hace Juan Moreno, que es el director de la de Leganés. Es una gozada subir al escenario con esa cantidad de músicos. Es impresionante.
La música que se graba para un disco es la que es; tal y como se concibe, se presenta
—Esa combinación de big band y vocalista de jazz casa muy bien en el escenario...
—A la gente le gusta. Con el jazz ocurre mucho el hecho de que el público suele conectar de una manera más fácil cuando hay una voz. Los que no son habituales de estos conciertos se acercan de una manera más sencilla si hay al frente un cantante o una cantante. Sirve un poco de gancho. Así que a los vecinos de Castelló, aunque no sean seguidores del jazz, les animo a que se acerquen a vernos. Además, este concierto en el que tocamos los temas del último disco no será de jazz clásico. Van a escuchar rock, música negra, música contemporánea y temas que beben de muchos estilos, y eso facilita que lleguemos a la gente. No va a ser un concierto de jazz al uso.
—¿Sigue teniendo, de todos modos, la etiqueta de música para expertos?
—Sí, el jazz responde a ese arquetipo. Puede parecer que es música para entendidos, pero es todo lo contrario. Es una música tremendamente libre que nace de la necesidad de poder expresarse, de ser espontáneo, natural, de querer improvisar y de sacar una parte lúdica. Es cierto que con el tiempo se creó esa etiqueta errónea, que es posible que responda a un tipo de música muy concreta que existe y que es un poco más difícil para quien no está acostumbrado, pero el jazz tiene muchas vertientes y es mucho más accesible de lo que a priori puede llegar a pensar mucha gente.

—¿Hay que escuchar jazz en vivo para llegar a esa conclusión que apuntas?
—Exactamente. Hay que ir a los conciertos para darse cuenta de que eso es así. Me sucede muchas veces que gente que viene a verme a un concierto, al acabar, me dice sorprendida que no sabía que le gustaba el jazz. Es decir, se dan cuenta cuando están allí viviendo la experiencia de que les encanta. Es que, claro, no deja de ser música. Estás escuchando y disfrutando de músicos en directo y de una cantante. Y encima, si les ofreces algo sincero, algo que es de verdad y que tiene una historia que contar, eso trasciende estilos, etiquetas y cualquier otra cosa. Conectas con la gente. Y es algo que sucede constantemente.
—Llevas muchos años trabajando con niños para inculcarles el interés por el jazz. ¿Cómo es ese trabajo con ellos?
—Tengo un proyecto propio desde el año 2018 que se llama Just for Children y con el que he grabado un disco. Nació para romper con la idea de que el jazz es para gente mayor y para acercarlo a los más pequeños. La idea es que conozcan y disfruten de música de calidad alejada del mainstream. Lo que hacemos es observar películas y dibujos animados y sacar canciones de jazz que ya están ahí y que son conocidas por los peques. Lo transformamos en un espectáculo. También les tocamos composiciones propias o temas clásicos del género, y los críos desde el segundo uno están dentro. Estamos de gira permanente desde el 2018, y es un exitazo.
Tengo un proyecto que nació para romper con la idea de que el jazz es para gente mayor y para acercarlo a los más pequeños
—Cuando planteaste por primera vez el proyecto, ¿no te dijeron que era una locura?
—Sí. Me preguntaba la gente si los niños iban a entender el jazz. Pero es que no se trata de entender o no entender; es una cuestión de vibrar. El jazz tiene mucho en común con el carácter infantil, porque es expansivo, lúdico, juguetón… y eso son características de los peques. Aunque cueste creer, cuando están escuchando jazz están en su salsa. Ten en cuenta que hay temas de ‘El rey león’, ‘El libro de la selva’ o ‘Frozen’, por poner un ejemplo, y ellos los conocen. Es una fiesta. Hay que llevar a los niños a conciertos de jazz porque es un género que conecta enseguida con el carácter infantil.
—¿Al de Castelló también?
—Totalmente. No es un proyecto de Jazz for Children, pero pueden ir niños y niñas de todas las edades. No está acotado. Mayormente es un público adulto el que viene, pero se pueden llevar a los peques porque se lo pasarán muy bien.
—¿Sigue siendo tan difícil dar visibilidad al jazz?
—Es un estilo de músico minoritario, y todo lo que no es mainstream y está dentro de esa rueda que funciona por inercia necesita de apoyo institucional, igual que la poesía, la música clásica o el ballet. Aunque es cierto que hay cierto apoyo privado. Pero el respaldo público es necesario para que no se pierda, para que se mantenga y sostenga, y para que se cree un tejido autosuficiente. Así las generaciones venideras tendrán un espejo en el que verse y quizá se animen a estudiar y a crear cultura en general y jazz en particular. Tienen que ver que se puede vivir de esto, y para ello urge que se programe más jazz en los teatros y en los festivales. Aprovecho esta oportunidad que me das para hacer un llamamiento a instituciones públicas y privadas para que nos insuflen algo de cariño.
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