Entrevista

CULTURA

Ramoncín: "El mundo necesita voces incómodas y un artista debe ser controvertido y mover conciencias"

El madrileño ofrece este sábado un concierto en la sala La Bohemia de Castellón

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CASTELLÓ. Sin trampa ni cartón. Honesto y valiente. Así se muestra Ramoncín, quien cumple 50 años desde que grabó su primer disco. Desde entonces hasta hoy, decenas de canciones, centenares de conciertos y miles de horas de rock. Sigue sin cortarse un pelo y defendiendo el trabajo de los siete músicos que le acompañan en el escenario y que este sábado actuarán en la sala La Bohemia de Castellón (20.30 horas) dentro de su gira Celebración.

Los temas de Ramoncín han marcado a varias generaciones y, lejos de sonar a nostalgia, mantienen intacta su vocación de presente. Rock sin artificios y un repertorio que alterna clásicos y canciones más recientes conforman un directo que reivindica el oficio, la entrega y el compromiso con el público. A sus 70 años, el madrileño llega para demostrar que la celebración de su medio siglo en la música no es un punto final, sino una forma de seguir en movimiento.

—¿Qué se encontrará el público que vaya a verte en Castellón el próximo sábado, Ramón?
—El público va a ver un concierto de rock. Está muy feo presumir, pero nosotros nos subimos siete músicos al escenario y nos dejamos el alma. Sin trucos, sin trampas, con la música en directo, tocando canciones de siempre y otras más nuevas, pero que las sentimos exactamente igual. Y lo que va a ver la gente, básicamente, es una banda de rock de verdad, que no tiene que envidiar a ninguna, ni de aquí ni de ningún otro sitio. Somos gente entregada que entiende el compromiso tan grande que es subirse a un escenario y que defiende canciones que llevan conmigo, la más antigua, 50 años. Lo más difícil de conseguir es lo que hemos hecho: juntar a un grupo de personas que se esfuerzan en hacer algo que es bueno para todos. Así que, volviendo a tu pregunta, lo que se va a ver en Castellón es una banda de rock haciendo rock de autor.

—Después de tantos años sobre los escenarios, ¿cómo ha cambiado tu manera de vivir los conciertos?
—Si pienso en cómo vivía un concierto en el año 78, te digo que aquella era una sensación de responsabilidad, de inquietud e incluso, a veces, de un cierto temor de no estar a la altura. Eso era inevitable. Con el paso del tiempo puedes quedarte paralizado y que el concierto sea como un día más en la oficina o te metes, como yo, en jaleos permanentes e intentas mejorar. Eso desde un punto de vista musical, y en el ámbito personal te diré que a mí el corazón se me sale por la boca justo antes de un concierto. Si no fuera así, creo que lo dejaría. Una persona como yo, que está entrenada y que da 54 pulsaciones y que cuando dejo el camerino y subo las escaleras del escenario me puedo poner a 130, 140 pulsaciones o incluso más… Si no tuviera esa sensación, que se me pasa a los dos minutos de estar arriba del escenario, pensaría que no estoy haciendo lo que quiero y que me lo he tomado como lo que decía antes, como un día más en la oficina. Si es así, no me interesa. A mí me pone muy nervioso cuando alguien me pregunta cómo me ha ido el bolo. Le respondo que yo no hago bolos, yo doy conciertos. Creo que el bolo es una palabra que menosprecia nuestro trabajo. No hago bolos, doy conciertos. Desde todos los puntos de vista, desde cómo está todo organizado hasta el repertorio, pasando por cómo nos comportamos arriba del escenario. Así que yo esto lo vivo con una intensidad absoluta.

—¿Qué hace tan especial tu repertorio para que siga conectando con el público pese al paso de los años?
—A veces las canciones cobran vida. A veces ocurren cosas que tú no te esperabas. Por ejemplo, no pensaba que la canción "La chica de la puerta 16", de mi quinto álbum, se pudiera interpretar ahora y que tuviera tanta actualidad. Aún no ha terminado el mes de febrero y ya han asesinado a diez mujeres y a dos niños. Es tremendo. Cuando yo grabé esa canción lo hice pensando que podía servir en ese momento para ir educándonos, para explicar que las mujeres no nos pertenecen a los hombres y para mostrar que el respeto es fundamental para la convivencia. Pues resulta que puedes cantarla ahora para recordar a esas mujeres. Curiosamente, el teléfono al que hay que llamar para denunciar los malos tratos es el 016, y el título de la canción de la que te hablo es "La chica de la puerta 16".

  • Foto: @infernaliamalia

—No es el único tema delicado que abordaste años atrás…
—Me llama muchísimo la atención que un disco que grabé en el año 78 tuviera un tema que se llama "Marica de terciopelo". Hace bien poco, unos dos años, asesinaron a un tipo en Galicia al grito de maricón. Que siga habiendo gente que es completamente homófoba… Eso es lo que tienen las canciones. Las haces desde el corazón, informado, mirando a tu alrededor, entendiendo perfectamente que socialmente eso funciona en su momento, pero la realidad es que siguen funcionando hoy. Y, por otra parte, están también otras canciones como "Hormigón, mujeres y alcohol" o "Al límite", que son atemporales y que son pura diversión y puro rock para saltar y disfrutar.

—Has sido siempre una figura que no se ha andado por las ramas. ¿Sientes que el rock necesita hoy más voces incómodas?
—Creo que en general el mundo necesita voces incómodas, y un artista tiene que ser siempre controvertido. Ese que no se mete en nada y no dice nada… bueno, pues le deseo lo mejor, pero el arte está concebido para mover conciencias. Entiendo que tiene que divertir también, pero está ese poema maravilloso que dice "maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía que no toma partido, partido hasta mancharse". Poco que añadir. Yo lo siento así. No digo que sea lo mejor y respeto a quien busque cantar canciones de bar y de barras. Yo podría tener un repertorio donde la espina dorsal fuera "Hormigón, mujeres y alcohol", pero no lo voy a hacer. Prefiero ir de otra manera.
Necesitamos voces directas siempre. Es fundamental. Fíjate en una persona mayor como Bruce Springsteen, que se va a echar a la carretera con una gira, "Land of Hope and Dreams". Va a estar defendiendo la canción de Minneapolis y los temas más combativos del repertorio. Me parece maravilloso, al igual que la cantidad de gente en el cine, en el teatro o en la literatura que sigue implicándose. Tenemos una voz y muchas maneras de utilizarla.

—¿Qué te da la carretera y salir de gira con tus músicos? ¿No se apodera en ningún momento el cansancio de tantos conciertos acumulados?
—No, yo no me canso. Nunca. Estamos todos los días ahí. En primer lugar, a mí me encanta viajar y conducir, y en segundo lugar, hay una hermandad enorme con mis músicos. Cuando llevo unos días sin ver a los chicos lo noto. Nos encontramos en ese momento en el que me parece maravilloso todo aquello que genera el encuentro, como encontrarte con gente a la que hace tiempo que no ves, ir a un local, a una sala o a un polideportivo o a una plaza de toros en la que ya has estado antes y recuerdas: oye, yo estuve aquí tal año y pasó tal y cual cosa. Me parece maravilloso; un regalo. No, de momento no me canso nada en absoluto.

—¿Te planteas nuevos proyectos después de esta gira o esta Celebración es también un punto de inflexión?
—Esta gira celebra el 50 aniversario de la salida de mi primer disco. Estamos grabando la imagen y el sonido para plasmarlo luego en un disco en directo, donde vamos a intentar meter el mayor repertorio posible. Y entre medias estaremos con un álbum nuevo y un libro más.

—¿Y el teatro?
—He estado haciendo teatro los últimos veranos, pasando incluso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Y en la obra "Los titanes" interpretaba dos papeles. Estaba repartido el protagonismo entre el papel de Daniel Diges y el mío. La verdad es que me lo pasé muy bien porque era el más mayor de todos los que había en ese elenco y, en cambio, era el debutante en teatro musical. A todo lo que sea teatro estaré abierto a seguir haciéndolo porque es algo que me gusta mucho.

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