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Pérez Llorca puede volver a ser president

Publicado: 19/05/2026 · 06:00
Actualizado: 19/05/2026 · 06:00
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Iván Redondo suele decir que la política son círculos y que nunca es dos más dos. Aquella banda sonora de la serie Los Serrano decía que uno más uno son siete. En la vida puede que no, pero en el tablero inestable de la incertidumbre política sí. El Partido Popular adelantó las elecciones en muchos territorios buscando no depender de Vox. Ha terminado consumando ese matrimonio de conveniencia como si hubiera un pacto de sangre inquebrantable. Ellos se niegan, le siguen el juego a la izquierda demonizando a los de Santiago Abascal, tapándose la nariz, ventilando cuando pasan los de extrema derecha e higienizando la zona cuando su estela contamina el ambiente. Que llamen a María Guardiola y a Jorge Azcón a ver si están vivos, porque los tienen en la misma habitación.

Desconcierta la ambivalencia de los de Feijóo. Los designios divinos de los votantes no dejan de manifestar en el oráculo que deben entenderse con Vox; su relación no es que sea un pacto sanguíneo, sino una capitulación nacida de su propia estirpe. Renegando de ello están creando un monstruo que se va a comer al PP y a los de Abascal. Azuzando el miedo al partido con el que luego pactan, desde Génova 13 están sirviendo a Sánchez la bandeja para que ponga la cabeza de Feijóo cuando se la corte, en cuanto se despiste por estar más atento a los miedos con Abascal que al PSOE. En realidad, en el Partido Popular nacional están más pendientes de todos que de ellos mismos; sabemos lo que quieren hacer los demás con España, pero no tenemos ni idea de su plan. Sánchez tiene claro el suyo: sacrificar a sus barones, deshacerse de los ministros desacreditados y revalidar La Moncloa. A Pedro sólo le importa él mismo; le es indiferente perder poder territorial mientras mantenga su colchón. Quería que el PP ganara en Andalucía: era un altavoz más para su campaña contra el dragón de dos cabezas de la derecha, un animal al que Génova le está dando alas.

El presidente del Gobierno sabe que Génova no es igual que San Telmo o el resto de sedes gubernamentales populares. Si uno escucha el discurso de Juanma Moreno en la noche electoral, se dará cuenta de que no menciona ni a España ni a Pedro Sánchez. Nada tienen que ver los discursos regionalistas con el marco de la dirección nacional del PP, empezando por las figuras y terminando por el relato. Un analista comentaba, tras la comparecencia de Miguel Tellado, el portavoz de Feijóo en el Congreso, que le generaba rechazo, que no tenía nada que ver con el discurso de Moreno Bonilla. Al contrario que el barón en Andalucía, el ariete del PP se recreaba en una soflama de romanticismo odioso contra Sánchez. Al igual que ocurrió con Adolfo Suárez, el ataque político contra el presidente no es pragmático, sino personal. Un revanchismo que hace que pierda toda eficacia real. El presidente de Andalucía no habló de su homólogo en el Gobierno central porque la gente le paga para que hable de su tierra, no de La Moncloa; habrá gente que ha votado a Moreno que votará a Pedro Sánchez en las generales.

Si Juanfran Pérez Llorca copia a su colega andaluz, tiene opciones de revalidar su cargo y aspirar a president de la Generalitat. Marcará una nota diferencial con sus compañeros de partido. Quizá apuesten por él como candidato y suponga un soplo de aire fresco con respecto a la espuma por la boca que suelta Diana Morant. El PSOE valenciano me recuerda al PP nacional: no está centrado en construir, sino en hacer saltar por los aires al gobierno vigente. Eso no le gusta al elector. En un tiempo en el que todo a nuestro alrededor nos produce desesperación, no queremos reproches, sino esperanza. Ya dice Iván Redondo que las emociones pueden vencer cualquier cosa en política. No queremos escuchar críticas, sino soluciones; no queremos que hablen de otros, sino de nosotros. Pérez Llorca debe olvidarse de Sánchez, que no pisa la Comunitat; debe focalizarse en los problemas que tenemos aquí. Vencer al mal que promueve la izquierda con las soluciones en educación y la reconstrucción post-DANA.

Como le siga siguiendo la corriente a su jefe, me temo que Pérez Llorca va a quedarse en presidente interino.

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