CASTELLÓ. El mercado residencial de Castellón afronta un reto de enorme magnitud para hacer frente a la falta de vivienda en un contexto que resulta poco alentador para el sector. Tras años de construcción insuficiente para atender el crecimiento de la demanda, el déficit acumulado desde 2021 rondaría las 16.000 viviendas, una cifra que los principales estudios sitúan entre las más elevadas de España en términos relativos. Sin embargo, el propio sector de la construcción advierte de que revertir ese desfase a corto plazo resulta prácticamente inviable por la combinación de falta de suelo finalista, escasez de mano de obra especializada, limitación de medios auxiliares y el fuerte incremento de los costes de construcción.
El problema no es exclusivo de Castellón. El último informe anual del Banco de España estima que el déficit acumulado de vivienda en el conjunto del país ronda las 750.000 viviendas, fruto de varios años en los que la creación de hogares ha superado ampliamente el ritmo de construcción. En el caso de Castellón, ese desequilibrio acumulado entre 2021 y 2025 representaría unas 16.000 viviendas, una estimación que coincide con los cálculos manejados por CaixaBank Research y por los propios promotores.
De hecho, un reciente informe de la entidad financiera sitúa a Castellón como la provincia española con mayor déficit relativo de vivienda nueva respecto a su población. El estudio concluye que sería necesario multiplicar por 16,4 el ritmo actual de construcción para cerrar esa brecha en apenas cinco años. Eso supondría levantar alrededor de 8.700 viviendas anuales, muy lejos de la realidad actual, ya que durante 2025 apenas se terminaron unas 500.
Un ritmo insuficiente
En este contexto, ls indicadores de actividad reflejan que la recuperación del sector continúa siendo demasiado lenta para absorber la demanda acumulada. Durante 2025 se concedieron 1.737 visados de obra nueva, una cifra que apenas equivale a algo más del 10% del déficit estimado. Además, el arranque de 2026 ha mostrado una nueva desaceleración. Según los últimos datos del Ministerio de Vivienda, la vivienda libre iniciada cayó un 38,8% en el primer trimestre respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la vivienda protegida continúa desaparecida de las estadísticas provinciales, sin promociones iniciadas ni finalizadas.
Este ritmo de nuevas promociones deja a Castellón por debajo del registrado en el resto de la Comunitat Valenciana. Según las estadísticas recopiladas por Tinsa a partir de datos del Ministerio de Vivienda, Castellón concedió durante el último año 3,8 visados de obra nueva por cada mil ya existentes, frente a los 7,9 de Alicante, los 4,9 de Valencia y una media nacional de 4,7.
Todo ello confirma que la producción de vivienda continúa siendo insuficiente para atender una demanda que sigue creciendo. Como ya advirtió el director de EsadeEcPol, Jorge Galindo, durante una jornada organizada por Cajamar e IVIE, en Castellón apenas se construye una vivienda por cada siete nuevos hogares, un desequilibrio que está detrás de buena parte de la tensión que vive actualmente el mercado residencial.
Aunque los últimos datos del Ministerio de Vivienda siguen situando a Castellón entre las provincias con mayor stock de vivienda nueva sin vender —con cerca de 22.000 inmuebles— desde la patronal de la construcción ponen en duda estas cifras. Asimismo, el informe del Banco de España también advierte que "una buena parte de estas viviendas no se adecuarían a las preferencias de la demanda debido a su localización y estado de conservación", motivo por el cual se siguen dando tensiones por falta de oferta en el mercado inmobiliario.
"No se trata solo de construir más"
El presidente de la Asociación Provincial de Empresas de la Construcción de Castellón (APECC), David Ruiz, considera que cuantificar con exactitud el déficit resulta complejo, aunque reconoce que la estimación de unas 16.000 viviendas "va en la línea" de los cálculos realizados por organismos como el Banco de España o CaixaBank Research.
A su juicio, el principal problema no consiste únicamente en aumentar la producción de vivienda. "Hay que construir donde realmente existe demanda y donde esa vivienda pueda venderse a un precio asumible", resume.
Eso exige disponer de suelo urbanizado y listo para edificar, uno de los principales cuellos de botella que identifica el sector. Ruiz pone como ejemplo Castelló de la Plana, donde existen actuaciones urbanísticas en marcha para generar nuevos solares residenciales, pero cuya tramitación hace que ese suelo no vaya a estar disponible, previsiblemente, hasta dentro de cuatro o cinco años. "La planificación existe, pero el suelo no aparece de un día para otro", explican desde el sector, que considera imposible responder de forma inmediata al déficit acumulado mientras esos desarrollos continúan tramitándose.
La mano de obra, el otro gran obstáculo
Si el suelo preocupa, la falta de profesionales se ha convertido en la principal inquietud de las empresas constructoras. La escasez afecta prácticamente a todos los oficios: albañiles, oficiales, estructuristas, colocadores cerámicos, electricistas, fontaneros, carpinteros o cerrajeros, entre otros. La consecuencia es un aumento de los plazos de ejecución, mayores dificultades para poner en marcha nuevas promociones y un incremento adicional de los costes.
A ello se suma otro problema menos visible: la falta de medios auxiliares. Empresas dedicadas al alquiler de grúas, andamios u otra maquinaria redujeron considerablemente su capacidad tras el estallido de la crisis inmobiliaria y, ante la incertidumbre del mercado, todavía no han recuperado aquellos niveles de inversión. "Si antes de la crisis una empresa podía tener diez grúas disponibles, ahora difícilmente tienen la mitad", explica Ruiz. Esa menor capacidad limita también el número de obras que pueden ejecutarse simultáneamente.
Costes un 30% superiores al periodo previo
El escenario se completa con el fuerte encarecimiento de la construcción. Desde la pandemia, el sector estima que el incremento conjunto del precio de los materiales y de la mano de obra supera ya el 30%, un aumento que termina trasladándose al precio final de las viviendas.
Aunque en los dos últimos años la actividad promotora ha comenzado a recuperarse, desde la patronal consideran que todos estos factores siguen impidiendo un verdadero despegue del mercado residencial.
En consecuencia, el consenso entre los expertos es claro: Castellón necesita miles de viviendas para equilibrar la oferta y la demanda, pero las limitaciones estructurales del sector hacen pensar que ese déficit tardará años en corregirse.
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