exposición en la llotja del cànem

Ricardo Cases sigue profundizando en 'lo valenciano' fotografiando paellas en coches

4/11/2021 - 

CASTELLÓ. Como buenos valencianos que somos no nos parecerá nada extraño ver una paella (no dentro de un tupper, sino como Dios la trajo al mundo, en un paellero) subida a un coche. Es lo más normal del mundo, ¿no? Eso piensan, al menos, cada domingo centenares de conductores que transportan las paellas que han cocinado o comprado hasta sus casas. Ya lo hacían con anterioridad nuestros abuelos y, en realidad, no parece una idea tan descabellada. Al menos, no en comparación a la de aquel vídeo en el que se veía a dos personas intentando meter una paella por una puerta, mucho más pequeña que esta, inclinándola hacia un lado (y spoiler; hacia el suelo). 

En domingo, las carreteras de la terreta se llenan de paellas que viajan en coche. Poco importa el riesgo de que se vuelquen o se ensucien. Y esto en realidad habla mucho de quiénes somos cómo sociedad. Para el fotógrafo Ricardo Cases (Orihuela, 1971) no habría mejor expresión popular para definir nuestro comportamiento que la de "arreu". "Se transporta un plato para ocho personas sin tapar y conviviendo con la suciedad que pueda haber acumulada y no vemos los inconvenientes que esto pueda tener". Sin embargo, lejos de ser una crítica, para el alicantino esto es síntoma de una forma "sana" de ser. "Cuando cae comida en el suelo y un niño se lo come sin pensarlo, hay dos tipos de reacciones; la de los padres que no se preocupan y la de los que regañan al niño". Aunque es un símil, los valencianos serían los primeros padres y esto, bajo la percepción de Cases, denota que somos una sociedad despreocupada, pero también con mucha "fortaleza".

Como sea, el fotógrafo ha querido seguir profundizando en lo 'valenciano' retratando a diferentes familias que tienen como costumbre cargar paellas en sus vehículos cada domingo. Un trabajo, el suyo, que según asegura el mismo autor, no ha sido "difícil de hacer", al menos respecto a otras series en las que ha tenido que trabajar "con muchas más capas". Sin embargo, Paellas y coches no deja de ser un proyecto que parte de la fotografía de paisaje para hablar de identidad.

La serie fotográfica se puede ver desde hoy mismo y hasta el 4 de diciembre en la Llotja de Cànem de la Universitat Jaume I de Castelló y, posteriormente, derivará en una publicación, diseñada por Tipode Office, que también se presentará el 2 de diciembre en el Menador. Un proyecto que ha contado además con el apoyo de Photobook Castellón.

Fue su visita al restaurante l'Alter, en las afueras de Picassent, la que le dio las claves para desarrollar este proyecto, que en ningún caso esperaba hacer. No obstante, tras ver lo que allí se cocía -ni más ni menos que unas 80 paellas al día- y coger su cámara, Cases entendió que había mucho más que contar sobre este típico plato valenciano. El mismo fotógrafo cuando era pequeño recogía habitualmente, junto a su familia, paellas que después llevaba al pueblo donde veraneaba. Era la mejor manera de llevarse la paella a remolque, y como él otras tantas familias lo pensaron. Pero, tras mudarse a Madrid, esta práctica como es lógico desapareció su vida. Ha sido pues en su vuelta, ahora a Torrent, que ha recordado cómo era una mañana tan típica de cualquier domingo de mes. 

-A las 13:00 empiezan a llegar los coches a recoger las paellas y no pararán hasta las 16:00h.

-Cuando regresan de pagar, abren el coche y colocan unas hojas de periódico para no mancharlo; acto seguido, un cocinero deposita la paella y la bendice con un bon profit.

-Durante ese trayecto las paellas están acompañadas de asuntos de lo más variopintos, objetos que los dueños llevan en los coches, que hablan de sus circunstancias particulares y cuya suma total retrata nuestra sociedad. 

En esta aventura Ricardo Cases no estuvo solo, el también fotógrafo Ivan del Rey de la Torre se trasladó desde Madrid hasta València para hacer una crónica de lo que allí pasaba. En resumidas palabras, alucinó. "¿Se imaginan que, en un control de tráfico de la Guardia Civil, el señor agente pide al señor conductor que abra el maletero y aparece una paella para doce personas, como un sol? ¿Se imaginan que ni siquiera haga falta abrir atrás porque la paella va a la vista, sentada de copiloto? Y este tiene prisa en llegar porque el arroz se pasa. ¿Puede haber hoy algo más paradigmático que el automóvil como símbolo de la vanidad y que el arroz para reflexionar sobre el inexorable tiempo?", reflexiona de la Torre en el texto que acompaña la exposición.

Para el creador, las fotografías de Cases tienen una suerte de parecido con el bodegón. En especial, con el de artistas más excéntricos como Van der Harmen y León o Tomás Hiepes, quien no situaba sus fruteros en la mesa de la cocina, como se suele esperar, sino en medio del monte. "¿Qué pintará un frutero en medio del monte? Pues su explicación tendrá, seguro; cosas más raras se han visto", cree acertadamente el fotógrafo madrileño. Seguramente cosas más raras se han visto que una paella dentro de un coche, pero difícilmente serán más valencianas que esta.

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