CASTELLÓ. A lo largo de las décadas, especialmente durante el siglo XX, los ultramarinos y las mercerías formaron parte del paisaje cotidiano de las ciudades y significaron más que un simple punto de venta. Los establecimientos articulaban una red de proximidad fundamentada en la confianza, el trato personal y la conversación pausada, donde el comerciante conocía a varias generaciones de una misma familia. En Castelló, frente al progresivo avance de las grandes superficies y el impacto del comercio digital, sobreviven negocios históricos como testimonio de una manera auténtica de entender el comercio local. Entre ellos, Sáez mantiene desde hace cerca de un siglo una relación directa con la clientela desde el corazón de la ciudad. El establecimiento, situado en el número 158 de la calle Enmedio, ha transitado desde los ultramarinos tradicionales hasta la confección y la mercería especializada bajo una misma lógica de cercanía y atención personalizada.
Con ello, la historia del negocio se remonta a 1929, cuando Vicente Sáez Lahuerta fundó en el 174 de la entonces calle González Chermá el establecimiento Ultramarinos La Purísima. El comercio abrió en una época en la que el pequeño negocio de barrio concentraba buena parte de la vida diaria de la ciudad. Posteriormente, su mujer, Antonia Gozalbo Andreu, tomó el relevo al frente del local hasta su jubilación. Entretanto, el hijo del matrimonio, Vicente Sáez Gozalbo, comenzó a trabajar en el negocio con apenas 14 años. "Los primeros recuerdos que tengo son de mucho sacrificio", explica ahora el propietario de segunda generación, que ha vivido desde dentro la transformación paulatina del comercio en Castelló.
De los ultramarinos a la confección de moda y trajes regionales
En este sentido, el cambio decisivo llegó en 1979, cuando la familia reconvirtió el negocio alimentario en Confecciones Sáez y orientó el local hacia la mercería, la ropa interior y, poco más tarde, la confección vinculada a la indumentaria regional. "Comenzamos sobre todo con lencería y poco a poco fuimos incorporando los trajes regionales", recuerda Vicente Sáez. Apenas unos años después de la reconversión, el establecimiento comenzó a realizar arreglos textiles y confección ligada a las fiestas populares, una línea que se ha consolidado con el paso de las décadas. Desde espardenyes y zapatos hasta trajes completos, la tienda amplió progresivamente su especialización hasta convertirse en un referente local del emblemático y arraigado sector.

- El negocio alimentario original se reconvirtió en el actual comercio textil en 1979. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
Además, el crecimiento a finales del siglo XX coincidió con una época de recordada actividad comercial en el centro urbano y con el incremento de las Fiestas de la Magdalena como un motor económico para numerosos negocios vinculados a la indumentaria tradicional. "Ha habido momentos muy buenos, especialmente en el trabajo del día a día y de cara a las fiestas", sostiene Sáez. Actualmente, la tienda ubicada en la arteria comercial del centro de la capital de la Plana mantiene tres empleadas y funciona bajo el mismo espíritu familiar que marcó sus orígenes. El negocio amplió su presencia en la ciudad durante la década de los noventa, cuando el hijo de Vicente Sáez abrió Confecciones Sáez II, situada desde entonces en el número 146 de la calle Trinidad.
Históricamente, el establecimiento se ha apoyado en una clientela estable basada en la confianza y el asesoramiento directo. "El cliente siempre tiene la razón y tiene que estar cómodo para que vuelva", resume Sáez al describir la filosofía que ha guiado el negocio. La afirmación sintetiza una manera de entender el comercio propia de otra época, aunque todavía presente en esta, donde el vínculo personal actuaba como principal elemento de fidelización. De esta manera, el propietario recuerda cómo el antiguo ultramarinos realizaba reparto a domicilio incluso hasta Benicàssim, en unos años en los que el servicio resultaba excepcional. "Fuimos pioneros en la alimentación a domicilio", rememora.
La esencia del contacto y la cercanía con el cliente frente a lo virtual
No obstante, la evolución del comercio local ha modificado profundamente tanto el perfil del cliente como las dinámicas de consumo. En este contexto, Vicente Sáez observa cómo buena parte de aquella clientela joven que acudía durante décadas ha envejecido sin que se haya producido un relevo equivalente entre las nuevas generaciones. "Sigue viniendo la gente cercana de siempre", explica, aunque admite que el comercio de proximidad atraviesa actualmente una situación compleja. La irrupción del comercio online y las plataformas digitales ha reducido progresivamente el peso de la compra presencial en los negocios tradicionales. Con todo, el comerciante establece una diferencia notable entre ambos modelos. "No es lo mismo; se pierde parte de la esencia del contacto y la cercanía con el cliente".

- La irrupción digital ha reducido progresivamente el peso de la compra presencial. -
- Foto: ANTONIO PRADAS
Con cerca de un siglo de trayectoria, Sáez representa hoy en día una de las expresiones supervivientes del tejido comercial tradicional que ha articulado a lo largo del tiempo la vida urbana de Castelló. El local ha atravesado distintas etapas económicas y cambios de consumo sin abandonar su escala de proximidad. "Un comercio local y de proximidad como este se conserva con mucha lucha", resume Vicente Sáez. Entre tejido, arreglos y trajes regionales, el establecimiento conserva una rutina diaria construida alrededor del trato directo y la memoria compartida con varias generaciones de clientes. En la calle Enmedio, donde el tránsito comercial se modifica velozmente, la mercería Sáez funciona como un vestigio vivo de la acepción de comprar como sinónimo de conversar y permanecer.
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