CASTELLÓ. El cierre de Massimo Dutti en la calle Enmedio, previsto para este sábado, deja algo más que un nuevo bajo vacío en el centro de Castelló. La salida de la firma del grupo Inditex simboliza un cambio de ciclo comercial que se ha acelerado en los últimos años y que transforma el modelo de negocio del casco histórico de la ciudad. Así, el textil pierde peso frente a la hostelería —cafeterías, bares o tascas— y los servicios —alimentación u óptica—, mientras las grandes cadenas priorizan las ventas online y concentran sus establecimientos en espacios como el centro comercial Salera. En este sentido, las conocidas marcas Pull&Bear, Oysho, Zara o Bershka abandonaron antes el centro y Stradivarius, también de la matriz gallega, permanece por el momento como su último gran exponente.
Con todo, la transformación no se limita únicamente a las grandes marcas, sino que también afecta al pequeño comercio, que atraviesa un momento de elevada dificultad. "Estamos en un momento crítico para el comercio textil, con una tendencia negativa entre aperturas y cierres diferente a otras épocas", advierte Teresa Esteve, secretaria general de Covaco Castellón. La representante alerta de que "los comercios nuevos autónomos tienen una media de vida de tres años, un dato que no es bueno", y lamenta la pérdida de establecimientos históricos en el centro de una capital. En concreto, alrededor de una de cada cinco tiendas de Castelló ha bajado la persiana desde 2024, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Frente a ello, Esteve reclama cambios normativos y medidas de apoyo adaptadas "a nuevas necesidades y ámbitos de consumo".
Las nuevas aperturas en el centro de Castelló
En paralelo, el paisaje comercial del centro se reconfigura a través de nuevas actividades. De esta manera, donde antes predominaban las cadenas de moda, ahora aparecen negocios vinculados a la restauración, la cosmética, los servicios personales o la alimentación. La apertura de la heladería Mamma Luisa en la plaza Hernán Cortés, en el local que ocupó la emblemática tetería Tea Pot, ejemplifica la transición hacia propuestas gastronómicas vinculadas al ocio y la experiencia. Otro caso paradigmático estriba en el desembarco de Druni en el histórico edificio de la plaza Santa Clara que durante décadas ocupó Zara. Próximamente, esta tendencia se reforzará con nuevas aperturas en la calle Campoamor, donde se prepara la llegada de la red madrileña de panaderías Levaduramadre o una nueva tasca, como también reabrió en marzo la emblemática El Barralet en la calle Obispo Climent o el nuevo proyecto de Barriga, Barrita, en abril en la calle Mayor.

- La firma Stradivarius quedará en el corazón de la ciudad como último reducto de Inditex. -
- Foto: M. F.
A tal efecto, desde la Cámara de Comercio de Castellón interpretan el proceso como una adaptación del centro urbano a las nuevas dinámicas de consumo. "Cierran comercios, pero abren otros, bien sea con el mismo tipo de negocio o con otras oportunidades", señala Cecilia Masó, jefa del Departamento de Innovación. "Existe una variación ahora en el centro de la ciudad entre los comercios de moda y los servicios, la hostelería, la óptica o la alimentación, donde se abren nuevas opciones", asegura. Masó insiste en que el reto pasa por lograr una convivencia entre el comercio físico y el online "para crear una simbiosis y reactivarlo", y defiende que "una ciudad sin comercio local no es una ciudad". En este contexto, la Cámara y el Ayuntamiento trabajan en un estudio para radiografiar la situación actual del sector y diseñar propuestas de dinamización.
El convenio entre el Ayuntamiento y las Cámaras de la Comunitat
Para ello, el consistorio ha rubricado un convenio con el Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunitat Valenciana dotado con 68.000 euros. El portavoz adjunto del gobierno municipal, Antonio Ortolá, explicó la pasada semana que el objetivo estriba en "mapear la situación y estudiar nuevos hábitos para beneficiar a los comercios cercanos". El análisis deberá servir para detectar tendencias y plantear herramientas adaptadas a los nuevos usos de consumo. Mientras tanto, el Ayuntamiento mantiene una línea de ayudas económicas al pequeño comercio con cerca de un millón de euros repartidos este año. Ahora, la cuestión reside en si las medidas bastarán para evitar que el centro pierda más tejido comercial tradicional mientras redefine su identidad económica.
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