CULTURA

Gema Matarranz: “El teatro tiene poder y debe influir y estar presente en el debate social”

La veterana actriz presenta en la UJI ‘Dysphoria’

  • La actriz Gema Matarranz.
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CASTELLÓ. Una programación cultural con compromiso. Así presenta semana a semana su agenda el Paranimf de la UJI, y este viernes (19.30 horas) no se queda atrás gracias a la presencia, de nuevo, de Histrión Teatro. Gema Matarranz, 50% del proyecto que comparte con Nines Carrascal, sube a escena a un conjunto de personajes que se abren en canal cuando una adolescente le confiesa a su madre que ya no es una chica, sino que es un chico. 

Con la intensidad y el compromiso que caracterizan sus 30 años de trayectoria, Matarranz lidera un montaje que apuesta por la emoción sin artificios y por una verdad escénica que interpela directamente al espectador. A punto de partir a Zaragoza, parada previa a la visita a la Universitat Jaume I para presentar allí este mismo espectáculo, cuenta a Castellón Plaza los retos que le plantea este proyecto y la responsabilidad de abordar un tema tan sensible y necesario. La actriz habla de vulnerabilidad, de escucha y de la importancia del teatro como espacio de encuentro y transformación, reivindicando ‘Dysphoria’ como una experiencia que va más allá de la representación para convertirse en un diálogo abierto con el público.

—¿Se puede afirmar que el texto que presentáis este viernes en la UJI arroja al espectador asuntos complejos e incómodos?

—Sí. Los dos adjetivos que utilizas son correctos. Aunque luego resulta ser menos incómodo de lo que parece, porque me he ido dando cuenta conforme se han ido sucediendo las funciones de que no ha sido poca la gente que viene a saludarte al acabar para comentarte que conoce algún caso o que está preocupada por alguien cercano a quien le sucede lo que contamos en escena. No esperábamos que hubiera tanta gente que se acercara y nos dijera precisamente eso. 

—No pensaba que hubiera espectadores que quisieran compartiros su experiencia personal…

—Sí. A mí me ha sorprendido también, la verdad.

—¿Cómo podemos poner en situación a quien no conozca el texto?

—Es un texto de María Goiricelaya, quien también se encarga de la dirección y con quien ya trabajé en la obra ‘Nevenka’ (que se pudo ver en el Paranimf en noviembre del 2024). ‘Dysphoria’ es una función que es una joyita que hemos conseguido partiendo de ese texto de María y gracias a una trabajadísima puesta en escena. La sinopsis es un thriller que narra la historia de una adolescente, Alejandra, que se atreve por fin a decirle a su madre que no es Alejandra, sino que es Alex. A partir de ahí vemos cómo vive esa situación la madre con respecto a ella misma, a su hijo/a, a su entorno y a la sociedad. El detonante llega cuando reciben una carta de los juzgados y se le acusa de agresión a ese adolescente. Todo se explica muy bien y está todo muy entrelazado, incluso en el momento en el que se va a juicio. Uno de los focos se pone en el círculo de confianza y en la terapia, que es algo absolutamente indispensable, sobre todo cuando tienes un trastorno como la disforia. En este caso abordamos la de género, pero puede ser disforia de cualquier otra cosa que genere malestar, angustia y ese no estar nunca bien. Es terrible.

La sinopsis es un thriller que narra la historia de una adolescente, Alejandra, que se atreve por fin a decirle a su madre que no es Alejandra, sino que es Alex

—¿Cómo puedes tú sola en el escenario contar esto que nos estás explicando?

—Interpretando todos los personajes: el fiscal, la abogada, la madre, el adolescente y la psicóloga.

—¿Entras y sales del escenario para cambiar de registro? 

—No. No me muevo del escenario. Todo lo hago gracias a una escenografía maravillosa, que es una plataforma giratoria donde hay una silla y unas luces que son un cuadro un poco fluorescente y con un ambiente sonoro y una música especiales para la obra. Estoy muy bien acompañada con mis dos técnicos, Juan Felipe ‘Tomatierra’ y Ernesto Monza. Entre los tres creamos una partitura que es muy importante para la representación. Como ves, ni me muevo del escenario ni tengo elementos más allá de una sudadera y una silla.

—¿Y cómo puedes saltar de un personaje a otro con solo una sudadera y una silla?

—Mira, te lo explico de esta manera. Es como cuando alguien te dice que te va a contar lo que le ha pasado con la vecina, y para hacerlo te pone voces, como si estuvieras escuchando tú también a la vecina. En la obra se trabaja mucho esa situación. Son compensaciones y monólogos en los que se cuenta lo que pasa en el juicio, en el instituto o en el círculo de confianza de la madre. Eso sí, la obra no da tregua.

—Te vimos ya en el Paranimf con la obra ‘Nevenka’, que también fue dura. ¿Cómo gestionas las emociones cargando tan sola con estos textos?

—Es mi trabajo. Y además, en este caso, he puesto mucho mío, he puesto una parte muy personal. En cualquier caso, ten en cuenta que tengo al lado a María Goiricelaya, que es una directora maravillosa y con quien me entiendo tan bien que me permito presentar un monólogo de estas características. Confiamos mucho la una en la otra, y eso te da el ánimo para meterte en un trabajo de esta envergadura. Estamos muy contentas. 

—¿Esperabas que fuera tan agotador como está resultando?

—Claro. Nada más leerlo, lo supe. Sí íbamos a sacar este proyecto como yo pienso que había que sacarlo, que es como María también tenía en la cabeza, sabíamos que no iba a haber tregua. Es agotador. Este texto requiere muchísima concentración, porque es delicado. Encima, yo nunca había utilizado el lenguaje que se usa durante los monólogos del juicio. Y el resto son partes también muy complejas.

—¿Es el teatro una buena manera de estudiar nuestro papel en la sociedad?

—En Histrión Teatro elegimos precisamente buscar a directoras, directores, autoras y autores comprometidos con temáticas sociales. De alguna forma, yo me siento con el privilegio de estar en un escenario y de poder decir cosas que luego sirvan y conmuevan. Un día, al finalizar la función, se acercó al escenario un hombre de más de 70 años. Aguardó paciente hasta que vio que ya estaba recogiendo la escenografía y en ese momento vino y me dijo que había acudido con ciertos prejuicios sobre las trans, en palabras suyas, y que durante la función se había emocionado mucho, que se marchaba sabiendo que había cosas dentro de él que habían cambiado y que debía dar ciertas oportunidades que hasta ese momento negaba. Me conmovió que quisiera compartir conmigo que iba a mirar las cosas de forma distinta. Creo que es un ejemplo de lo que a mí me gusta hacer encima de un escenario. Y no solo eso. También ha habido adolescentes de 15 y 16 años que han venido a vernos y han salido emocionados porque les pasan muchas cosas durante la representación.

Llevo 30 años en teatro y he pasado etapas teniendo en cuenta lo que puedo hacer, lo que quiero hacer y lo que me puedo permitir hacer, porque vivo de esto

—Entonces, ¿'Dysphoria' abre diálogos con el público?

—Sí. Abre diálogos, y también puede molestar. No te olvides de que no todos somos iguales y no todos vemos las cosas del mismo modo. Incluso para algunos puede quedarse corta para mientras que haya quien crea que el texto se pasa. 

—¿El teatro debe influir en el debate social?

—No sé si debe influir, pero sí que debe estar en el debate. Ojalá se posicionara realmente donde yo creo que necesita estar. Tiene mucho poder. Eso es algo que se ve cuando está encima del escenario. Debe estar en los debates sí o sí.

—No es fácil arriesgar con textos que pueden molestar…

—Claro, todo depende de lo que puedas permitirte o no. Llevo 30 años en teatro y he pasado etapas teniendo en cuenta lo que puedo hacer, lo que quiero hacer y lo que me puedo permitir hacer, porque vivo de esto. Vas bandeando y vas viendo. A lo mejor dentro de dos años, según esté la situación política, no me puedo permitir ciertas cosas porque tengo que comer. Seguiré sacando adelante proyectos, porque se pueden revisar los clásicos y muchas otras cosas, pero... Me gusta ir cogiendo textos comprometidos o sociales, pero lo hago siempre sabiendo en el momento que estás, qué puedes, quieres y te permiten hacer.


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