CASTELLÓ. La construcción residencial en la provincia de Castellón mantiene en el arranque de 2026 la senda de recuperación iniciada el pasado ejercicio, aunque bajo crecientes incertidumbres que amenazan con frenar su consolidación. El encarecimiento de los costes energéticos y de materiales básicos, en un contexto internacional marcado por el conflicto en Oriente Medio, empieza a tensionar la viabilidad de nuevos proyectos y a sembrar dudas en el sector.
Entre enero y febrero de 2026 se visaron en la provincia un total de 210 viviendas de obra nueva, lo que supone un incremento del 23,5% respecto al mismo periodo del año anterior, cuando se contabilizaron 170. Del total actual, 38 corresponden a viviendas unifamiliares y 172 a promociones en bloque. La cifra también mejora la registrada en 2024 (180 viviendas) y se sitúa en niveles similares a los de 2023 (213), lo que confirma una cierta estabilidad en el ritmo de actividad tras el repunte experimentado en 2025.
El pasado año marcó un punto de inflexión para el sector, con 1.737 viviendas visadas, un 37% más que en 2024 y el volumen más elevado de los últimos 16 años. Este crecimiento evidenció un cambio de ciclo tras más de una década de mínimos históricos posteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, el nivel de producción sigue lejos de los máximos previos a la crisis y continúa siendo insuficiente para absorber la demanda acumulada.
En este contexto, los datos de comienzos de 2026 apuntan a una continuidad en la reactivación, aunque sin aceleraciones significativas. El sector avanza, pero lo hace todavía con cautela y sin un despegue claro.
El impacto de los costes preocupa al sector
Las perspectivas, no obstante, se ven condicionadas por el aumento de los costes de construcción, un factor que preocupa de forma creciente a promotores y constructoras. La subida de precios en materiales como el acero, el hierro o el aluminio, junto con el encarecimiento del gasóleo —clave para el funcionamiento de la maquinaria—, está reduciendo los márgenes y complicando la viabilidad económica de las promociones.
Desde la Asociación Provincial de Empresas de la Construcción de Castellón (APECC), su presidente, David Ruiz, advierte de que estas fluctuaciones pueden tener un efecto directo sobre la actividad. En proyectos con márgenes ajustados, cualquier incremento de costes puede hacer que las cuentas dejen de salir, lo que se traduce en retrasos o incluso en la paralización de iniciativas que estaban en fase de desarrollo.
Este contexto afecta de manera especialmente intensa a la vivienda de protección pública, donde la rentabilidad está más limitada. Un ejemplo reciente es el de las licitaciones impulsadas por la Generalitat en Vinaròs y Benicarló, en el marco del Plan Vive, que han quedado desiertas pese a contemplar la construcción de 41 viviendas. La ausencia de ofertas refleja, según el sector, las dificultades para asumir proyectos en un escenario de costes al alza.
El actual ciclo expansivo de la obra nueva se apoya en una combinación de factores como la demanda sostenida, la escasez de oferta disponible y la revalorización de la vivienda.
Sin embargo, esta misma evolución de precios, junto con el encarecimiento de los costes de producción, introduce nuevos desequilibrios en el mercado. A pesar del crecimiento reciente, la vivienda de obra nueva apenas representa en torno al 9% de las compraventas, lo que evidencia el peso todavía predominante del mercado de segunda mano.
Además, el sector arrastra un déficit estructural tras años de escasa actividad. Desde los mínimos de 2015, cuando apenas se visaron 219 viviendas en toda la provincia, la recuperación ha sido progresiva, pero todavía insuficiente para cubrir las necesidades generadas por el aumento de hogares y población.
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