CASTELLÓ. La ola de calor de este verano está impactando en el cultivo de cítricos valencianos. Los regantes castellonenses del sistema del Millars han ampliado durante el actual mes de agosto los días de riego, pasando de seis a toda la semana para garantizar la próxima campaña. No obstante, temen una baja producción en los términos de Castelló y Burriana por la falta de renovación de los árboles envejecidos, según señalan desde el Sindicato Central de Regantes de Castellón y la Unió Llauradora.
Las condiciones climáticas han obligado a los comuneros a intensificar el uso del agua para reducir los efectos del calor sobre los cultivos. A diferencia de hace un año, esta vez disponen de suficientes recursos hídricos en los embalses. En 2025, la provincia sufrió una sequía que dejó bajo mínimos los pantanos del Millars, pero las lluvias registradas durante 2025-2026 permitieron recuperar el agua embalsada y los regantes tienen garantizado, al menos, el riego de la próxima campaña.
Las altas temperaturas han reducido ligeramente la capacidad de los embalses, pero las principales plantas se encuentran actualmente en unas condiciones óptimas. Así, Arenós cuenta con 55 hectómetros cúbicos, lo que supone el 50% de su capacidad, mientras que Sichar almacena 23 hectómetros cúbicos, el 48,5%. Por su parte, María Cristina se encuentra al 35,92 %, con 6 hectómetros cúbicos.
Esta es una buena noticia para el sector, pero el impacto del calor no se limita al uso extraordinario del agua. Desde el Sindicato Central de Regantes recuerdan los efectos por los episodios meteorológicos como la esporgà, que supone un estrés fisiológico para los árboles y puede propiciar la caída prematura de la fruta.
Árboles envejecidos
Al calor se añade la edad de los árboles. La vida útil de una variedad puede situarse entre los 20 y 25 años y, en Castelló y Burriana, muchas plantaciones ya superan ese periodo, por lo que presentan un arbolado envejecido, según la Unió Llauradora.
Esta circunstancia es, de hecho, una de las razones que explican, según la organización agraria, la baja producción de cítricos que se espera tanto en la Comunitat Valenciana como en Castellón durante la campaña 2026-2027. La Unió apunta a la antigüedad de buena parte del arbolado, con una pérdida progresiva de rendimiento; unas condiciones meteorológicas que han dificultado el cuajado de la fruta; la creciente presión de plagas y enfermedades; y el continuo abandono de parcelas de cultivo, que sigue reduciendo el potencial productivo del sector citrícola valenciano.
Una de las principales plagas que más impacto está teniendo actualmente es la araña roja, que afecta especialmente a la clementina, la principal variedad de Castellón. Al respecto, diferentes asociaciones reclaman al Consell medidas urgentes para frenar una plaga que, además del impacto en la fruta, está incrementando de manera ostensible los costes productivos. El problema no se limita a la proliferación del ácaro, sino también a la falta de herramientas eficaces para combatirlo. En la actualidad, el único tratamiento ovicida autorizado es el Hexitiazox, un producto cuyo uso continuado durante años ha favorecido la aparición de resistencias. El resto de materias activas disponibles actúan únicamente sobre los ejemplares adultos, sin eliminar los huevos, lo que provoca que la plaga vuelva a desarrollarse en poco tiempo.
Con todos estos condicionantes, se espera una cosecha que continúe a la baja en 2026-2027. Según la Unió, los citricultores de Castellón producirán 553.524 toneladas en la campaña 2026-2027, lo que supone un descenso del 2 % respecto a una campaña anterior que ya fue muy baja. De esta forma, será la segunda producción más reducida de las últimas dos décadas.
En la provincia, la clementina, que acapara el 66 % del total, alcanzará las 351.000 toneladas, mientras que su principal variedad, la clemenules, se situará en torno a las 250.000 toneladas. Los híbridos de pequeños cítricos alcanzarán las 72.000 toneladas, mientras que las naranjas se situarán en 130.000 toneladas.
El cambio climático
Además del calor, el clima está provocando la aparición de fenómenos meteorológicos adversos que afectan a la producción. Según el último informe de la Conselleria de Agricultura, cerca de 10.000 hectáreas de cítricos de Castellón se vieron afectadas durante el primer semestre por episodios meteorológicos adversos, principalmente por las lluvias y el viento registrados durante los dos primeros meses de 2026. Esta superficie representa el 40 % del total de la superficie citrícola afectada en la Comunitat Valenciana.
El sector también ha perdido superficie durante la última década como consecuencia de la pérdida de rentabilidad. En concreto, Castellón ha perdido 4.978 hectáreas de cítricos desde 2015. Ese año, la provincia contaba con 36.857 hectáreas, de las que 6.457 correspondían a naranjos y 30.055 a mandarinos, mientras que el resto correspondía a otras variedades citrícolas.
En la actualidad, la superficie total asciende a 32.059 hectáreas. Por variedades, mientras las parcelas de naranjos han aumentado hasta las 7.512 hectáreas, las de mandarinos, que constituyen el grueso de los cítricos de Castellón, han caído hasta las 23.890 hectáreas. Solo en el último año, la provincia ha perdido cerca de 400 hectáreas de cítricos.
El escenario que afronta el campo castellonense combina así calor extremo, mayor necesidad de riego, envejecimiento del arbolado, presión de plagas, fenómenos meteorológicos adversos y pérdida continuada de superficie cultivada. Aunque la situación de los embalses ofrece tranquilidad para afrontar la próxima campaña, el sector advierte de que el problema de fondo es estructural y amenaza la capacidad productiva de los cítricos de la provincia.
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