CASTELLÓ. El mercado residencial de Castellón no es ajeno a las tensiones de la realidad habitacional del país y arranca 2026 con desequilibrios que han ido en aumento durante el pasado año: una oferta de alquiler cada vez más reducida y un precio de la vivienda nueva que continúa marcando máximos. Los datos acumulados al cierre de 2025 confirman que la provincia vive un nuevo ciclo inmobiliario, caracterizado por la escasez de producto, el encarecimiento sostenido y una presión creciente sobre el acceso a la vivienda.
En el segmento de obra nueva, el último Estudio de Vivienda Nueva de la Sociedad de Tasación sitúa a la Comunitat Valenciana en su máximo histórico, con un precio medio de 2.261 euros por metro cuadrado al cierre de 2025, tras un incremento interanual del 8,6%. Castellón capital participa de esta tendencia, con una subida anual del 6,4% y un precio medio de 1.758 euros/m², todavía por debajo de València (2.538 €/m²) y Alicante (1.859 €/m²), pero ya claramente al alza.
Fuera de las capitales, los mayores niveles de precio se concentran en los municipios turísticos. Benicàssim se consolida como uno de los mercados más caros de la provincia, con valores medios de 2.160 euros/m² en vivienda nueva, solo por detrás de Benidorm en el conjunto autonómico. Esta evolución refuerza la brecha entre el mercado libre y los precios socialmente asequibles, especialmente en enclaves costeros con fuerte peso de la segunda residencia y la inversión.
Según los tasadores, el dinamismo de la obra nueva responde a una combinación de demanda sostenida, oferta muy ajustada y encarecimiento de los costes de construcción, factores que han llevado al mercado valenciano a encadenar cuatro trimestres consecutivos por encima de los 2.000 euros/m². Pese a ello, Castellón mantiene aún una distancia relevante respecto a los máximos de la burbuja inmobiliaria, lo que explica en parte la rapidez de la revalorización desde niveles históricamente bajos.
La escalada de precios alcanza también a la vivienda usada, que concentra la mayor parte de las compraventas en la provincia. Según Idealista, el precio medio en Castellón cerró 2025 en 1.496 euros por metro cuadrado, tras un incremento interanual del 12,8%, impulsado por la escasez de oferta y el creciente interés inversor. En la capital, el encarecimiento fue similar, con un precio medio de 1.550 euros/m², un 11,2% más que un año antes.
El alquiler, principal foco de presión
Si la compraventa muestra síntomas de tensión, el alquiler se ha convertido en el principal foco de presión social. El Barómetro del Alquiler del Observatorio del Alquiler confirma que la provincia de Castellón ha registrado en 2025 una de las mayores caídas relativas de oferta del país. El parque disponible para arrendamiento de larga duración se ha reducido un 15,2% en solo un año, con la desaparición de 1.292 viviendas del mercado.
Esta contracción se produce en paralelo a un fuerte aumento de la demanda. El número de personas interesadas por cada vivienda de alquiler en sus primeros diez días en el mercado casi se ha duplicado en la provincia, pasando de 18 a 35 contactos, uno de los mayores incrementos porcentuales a nivel nacional. Aunque la presión sigue lejos de los niveles de grandes mercados como Barcelona o Madrid, la tendencia confirma un desequilibrio creciente entre oferta y demanda.
En precios, Castellón cerró 2025 con una renta media de 725 euros mensuales, un 5% más que en 2024. La subida es más moderada que en ejercicios anteriores, en línea con la desaceleración observada a nivel nacional, pero se produce sobre niveles ya elevados para una parte significativa de los hogares. El sector advierte además de que en 2026 se revisarán numerosos contratos firmados entre 2020 y 2021, cuando las rentas eran sensiblemente inferiores, lo que anticipa incrementos en los nuevos contratos que en algunos casos pueden ser muy relevantes.
Los expertos matizan que la reducción de la oferta no responde únicamente a la rapidez con la que se absorben los inmuebles que salen en alquiler. A ello se suma una tendencia creciente de los propietarios a optar por fórmulas más rentables, como el alquiler turístico o el alquiler por habitaciones, que reduce aún más el parque de vivienda disponible para arrendamiento estable.
La vivienda se consolida así como activo refugio en un contexto de elevada incertidumbre, mientras otros usos inmobiliarios han perdido atractivo. A este fenómeno se suma la expansión de la vivienda de uso turístico, que mantiene en torno a 13.000 unidades registradas en la provincia, pese a los procesos de depuración administrativa.
El inicio de 2026 confirma que Castellón se encuentra en una posición intermedia dentro del mapa inmobiliario español: lejos aún de los extremos de las grandes capitales, pero ya integrada en el grupo de mercados donde la tensión por la escasez de oferta es evidente. Los precios crecen con rapidez, el alquiler alcanza máximos históricos y la rentabilidad atrae capital, mientras el acceso a la vivienda se complica para las rentas medias.
El reto, coinciden los analistas, pasa por ampliar la oferta —especialmente de vivienda protegida y alquiler estable— en un contexto marcado por la escasez de suelo finalista, el encarecimiento de los costes de construcción y la lentitud administrativa.
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